La dignidad de Ceuta

Un momento de la manifestación en Madrid.
Un momento de la manifestación en Madrid. | EL PUEBLO
EL PUEBLO
26 oct 2026 - 03:27

Lo que se ha vivido este domingo en Madrid debería hacer sonrojar a más de uno en el Palacio de la Moncloa. Miles de españoles han salido a la calle para defender a Ceuta, pero, sobre todo, para recordar al Gobierno de Pedro Sánchez algo que jamás debería haber olvidado: Ceuta es España, sus ciudadanos son españoles y sus derechos no pueden valer menos que los de quienes viven al otro lado del Estrecho. Y lo verdaderamente emocionante de esta jornada es que no ha sido ningún partido político el que ha conseguido movilizar a tanta gente. Han sido unas mujeres caballas, mujeres de nuestra tierra, las que, cansadas de esperar respuestas y de escuchar promesas, han demostrado que cuando hay voluntad, coraje y amor por lo propio, se pueden mover montañas. Lo han hecho sin grandes estructuras, sin aparatos políticos y con una fuerza que ningún despacho ministerial podrá comprar jamás: la dignidad.

Mientras Pedro Sánchez y sus ministros siguen instalados en sus discursos tranquilizadores, Ceuta lleva casi tres meses intentando recuperar la normalidad perdida tras los gravísimos acontecimientos del pasado mes de julio. Y resulta indignante que hayan tenido que ser los propios ciudadanos quienes se desplacen hasta las puertas del Congreso de los Diputados para exigir algo tan elemental como seguridad, tranquilidad y soluciones. ¿Dónde está la respuesta contundente del Gobierno? ¿Dónde están las medidas extraordinarias que necesita Ceuta? ¿Cuánto tiempo más tienen que esperar los ceutíes? Porque una cosa es pedir paciencia ante una situación excepcional y otra muy distinta pretender que una ciudad entera se acostumbre a vivir en la incertidumbre. El Ejecutivo central no puede seguir refugiándose en las estadísticas que más le convienen mientras los ciudadanos reclaman respuestas a problemas que afectan a su vida cotidiana. Gobernar no consiste en comparecer ante los micrófonos para decir que todo está bajo control, sino en demostrarlo con hechos. Y, hasta ahora, las explicaciones ofrecidas desde Madrid no han conseguido devolver a los ceutíes la confianza que perdieron aquel fatídico 30 de julio.

Por eso, lo de este domingo tiene un valor extraordinario. Maxi Lacasa y las Mujeres Caballas han conseguido que la voz de Ceuta retumbe en el corazón de España, acompañada por miles de personas llegadas de distintos puntos del país. Han puesto sobre la mesa unas reivindicaciones concretas, han reclamado medidas urgentes y han dado al Gobierno un plazo de treinta días para responder. No están pidiendo privilegios ni favores. Están exigiendo que se protejan nuestras fronteras, que se refuercen los servicios públicos, que se tramiten los retornos que legalmente correspondan y que se garantice que una situación semejante no vuelva a repetirse. También merece reconocimiento Juan Vivas, que ha sabido acompañar esta movilización y expresar el sentimiento de tantos ceutíes cuando ha asegurado que no van a parar hasta recuperar los derechos y la normalidad. Pero los verdaderos protagonistas han sido los ciudadanos y, muy especialmente, esas mujeres que han convertido su preocupación, su rabia y su amor por Ceuta en una movilización que ya forma parte de la historia reciente de nuestra ciudad.

Pedro Sánchez debería escuchar menos a quienes le cuentan lo que quiere oír y prestar mucha más atención a quienes están sufriendo las consecuencias de esta crisis. Porque lo ocurrido en Madrid no puede despacharse con una declaración institucional, una visita ministerial o una nueva promesa que termine olvidada en un cajón. La paciencia de Ceuta no es infinita. Tampoco lo es la confianza de una ciudadanía que ha demostrado una responsabilidad ejemplar en circunstancias extraordinariamente difíciles. El Gobierno tiene ahora la oportunidad, y sobre todo la obligación, de responder con decisiones, recursos y resultados. Si deja pasar también esta ocasión, estará enviando un mensaje lamentable: que para conseguir que Madrid escuche a Ceuta no basta con tener razón, sino que hay que llenar las calles de la capital. Y eso, en un país que presume de igualdad entre todos sus ciudadanos, debería resultar sencillamente inaceptable.

Hoy toca dar las gracias. Gracias a Maxi Lacasa, a todas las Mujeres Caballas, a quienes han viajado durante horas, a quienes han acompañado desde otros rincones de España y a quienes, sin poder estar presentes, han sentido cada aplauso y cada grito como suyo. Han dado una lección de unidad, de civismo y de valentía que contrasta con la falta de respuestas políticas a la altura de las circunstancias. Ceuta no ha ido a Madrid a pedir caridad. Ha ido a exigir respeto. Y conviene que el Gobierno de Pedro Sánchez lo entienda de una vez por todas. Porque detrás de esta manifestación no hay únicamente una protesta, sino miles de familias que quieren recuperar su tranquilidad y seguir viviendo en la tierra que aman. Una tierra que no piensa rendirse, que no acepta ser tratada como una España de segunda y que este domingo ha dejado un mensaje imposible de ignorar: Ceuta no está sola, Ceuta no se vende y Ceuta se defiende.

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