La dignidad y el corazón de Vivas frente la indecencia de Sánchez
La noche de este lunes terminó siendo mucho más que televisión. Mientras Juan Vivas se sentaba con Pablo Motos en El Hormiguero para explicar qué está ocurriendo en Ceuta, Pedro Sánchez hacía lo propio con El Gran Wyoming en El Intermedio. Dos presidentes, dos escenarios y, sobre todo, dos maneras muy distintas de enfrentarse a una crisis que para los ceutíes no es una cuestión de audiencia, de relato político ni de estrategia partidista, sino de su vida cotidiana.
Y la diferencia fue muy evidente. Fue abismal más bien. Juan Vivas acudió a la televisión nacional con la obligación que tiene cualquier presidente de una ciudad que atraviesa una situación extraordinaria: contar lo que está sucediendo, defender a sus ciudadanos y reclamar al Estado lo que Ceuta necesita. Lo hizo sin estridencias, sin convertir el dolor de la ciudad en un espectáculo y sin esconderse detrás de consignas partidistas. Habló de Ceuta. De sus ciudadanos. De sus problemas. De sus miedos. De sus límites. Y de una realidad que no puede maquillarse desde Madrid.
Vivas ha entendido algo que debería ser elemental: cuando una ciudad se encuentra sometida a una presión extraordinaria, el primer deber de un gobernante es estar al lado de sus ciudadanos. Y anoche llevó la voz de Ceuta a millones de españoles. No como un político que pide favores, sino como el presidente de una ciudad española que reclama que España esté a la altura de sus circunstancias.
Frente a esa posición, Pedro Sánchez eligió otro camino alejado de los ceutíes a los que el presidente del Gobierno volvió a pedir paciencia. ¡Paciencia a Ceuta! Paciencia después de 46 días de una crisis que ha desbordado los recursos de la ciudad. Paciencia después de abandonarla y marcharse de vacaciones. Paciencia mientras se anuncian nuevas plazas de acogida. Paciencia mientras se intenta “estabilizar” una situación que los ceutíes llevan semanas sufriendo. Paciencia mientras se discute qué se sabía, cuándo se sabía y quién debía haber actuado.
Paciencia, una palabra que un presidente del Gobierno debería pronunciar con mucho cuidado cuando se dirige a una ciudad que está viviendo una crisis de esta magnitud. Porque la paciencia es una virtud cuando existe un plan. Cuando existe una respuesta. Cuando existe una certeza razonable de que quien tiene la responsabilidad está actuando. Lo que no puede Sánchez es querer convertir la paciencia en el sustituto de su responsabilidad.
Sánchez llegó incluso a sostener que la gestión de la crisis migratoria no se ha hecho mal. Todo un insulto a los ceutíes. Una afirmación que resulta difícil de conciliar con la realidad que vivimos. Y que resulta todavía más difícil de entender cuando la respuesta política ante las críticas consiste en acusar al presidente de Ceuta de actuar por intereses electoralistas... No señor presidente. Vivas no necesita boicotear al Gobierno para defender a Ceuta. Necesita, precisamente, que el Gobierno escuche a Ceuta. Y lo que resulta preocupante es que Moncloa parezca más interesada en discutir las intenciones de quien denuncia el problema que en resolver el problema denunciado. La política puede permitirse casi todo, salvo perder el sentido de la realidad. Y la realidad de Ceuta no desaparece porque incomode. No desaparece porque se explique en un plató de televisión. No desaparece porque se anuncien miles de plazas. Y, desde luego, no desaparece porque usted pida tiempo.
Ceuta necesita respuestas, no pedagogía sobre la paciencia. Necesita medios suficientes, coordinación institucional, control efectivo de sus fronteras, una política migratoria que no descargue sobre una ciudad de apenas unos kilómetros cuadrados una responsabilidad que corresponde al conjunto de España y una estrategia clara frente a cualquier actuación que ponga en riesgo su seguridad y su estabilidad.
También necesita algo más sencillo: respeto. Respeto a sus ciudadanos. Respeto a sus instituciones. Y respeto a Juan Vivas, quien tiene la responsabilidad de representar democráticamente a esta ciudad. Por eso la entrevista de Vivas tiene un valor que va más allá de sus palabras concretas. Ha servido para que Ceuta deje de ser durante unos minutos una cifra en un informe ministerial y vuelva a aparecer en el mapa emocional de España como lo que es: una ciudad española, europea y fronteriza que merece exactamente la misma protección, atención y solidaridad que cualquier otra parte del país.
Sánchez, en cambio, volvió a ofrecer la impresión de un Gobierno que administra la crisis a golpe de plazos improvisados. Ahora, hasta final de año. Mañana, ya veremos... Pero Ceuta no vive en el calendario de Moncloa. Ceuta vive aquí. Y aquí las consecuencias se sufren cada día. Quizá esa sea la principal diferencia entre las dos entrevistas de esta noche. Vivas habló con el corazón desde Ceuta hacia España. Sánchez lo hizo en Madrid sobre Ceuta. Y no es lo mismo.
A Ceuta no le hace falta que la comprendan durante una entrevista. Le hace falta que la protejan cuando se apagan las cámaras. Porque una vez terminada la televisión, las luces se apagan en los platós. En Ceuta, no. Aquí sigue estando la frontera. Siguen estando nuestros policías y guardias civiles. Siguen estando nuestros servicios públicos. Siguen estando nuestros menores y nuestras mujeres. Siguen estando nuestros barrios. Y siguen estando los problemas que anoche Pedro Sánchez pidió a los ceutíes que esperen para resolver. Todavía no ha entendido que Ceuta ya ha esperado bastante. Todavía no ha entendido que Ceuta no puede más. Todavía no ha entendido que Ceuta está pidiendo auxilio… Todavía no ha entendido nada.