Cuando la escuela deja de ser un lugar seguro
Las imágenes del CEIP Juan Morejón inundado, con agua cayendo sobre cuadros eléctricos y aulas a oscuras mientras los alumnos permanecían dentro, no deberían formar parte de la normalidad educativa de ninguna ciudad. Y, sin embargo, en Ceuta vuelven a convertirse en símbolo de un problema enquistado: el abandono del mantenimiento de los centros escolares y la falta de respuestas políticas ante situaciones que comprometen directamente la seguridad de los menores. No se trata de un hecho aislado ni imprevisible. Las filtraciones, los cortes de luz y el deterioro estructural del Juan Morejón ya fueron denunciados en cursos anteriores por el profesorado y por la AMPA, que alertaron de reparaciones superficiales y soluciones improvisadas. El temporal solo ha servido para destapar, una vez más, las costuras de un sistema que reacciona tarde y mal, cuando la urgencia ya está encima de las mesas… y de las cabezas de los niños.
Lo más preocupante no es únicamente el estado de las instalaciones, sino el silencio institucional. A lo largo de toda la jornada, la Consejería de Educación de la Ciudad Autónoma, responsable directa del mantenimiento de los centros, no ofreció explicaciones ni soluciones claras a una comunidad educativa en estado de alerta. Padres, madres y docentes no piden milagros; piden seguridad, previsión y transparencia. Piden que sus hijos no tengan que dar clase bajo techos que amenazan con desprenderse o junto a instalaciones eléctricas mojadas.
Este episodio remueve inevitablemente el recuerdo del CEIP Ramón y Cajal, desalojado tras el desprendimiento de un falso techo y convertido en ejemplo de cómo la dejadez puede desembocar en decisiones drásticas que alteran la vida de cientos de familias. Entonces se prometieron informes, actuaciones y soluciones definitivas. Hoy, meses después, la historia parece repetirse en otro centro.
Resulta inaceptable que, mientras las administraciones se cruzan competencias o guardan silencio, sean las AMPAs y los sindicatos quienes ejerzan de altavoces de una situación que afecta a menores. Aún más grave es que los padres se vean abocados a plantearse no llevar a sus hijos al colegio por miedo a que ocurra una desgracia. Esa sola posibilidad debería bastar para activar respuestas inmediatas.
La educación no puede sostenerse sobre parches ni sobre obras “de emergencia” que llegan siempre después del susto. Los colegios de Ceuta necesitan un plan serio, integral y transparente de mantenimiento y rehabilitación, con calendarios claros y rendición de cuentas. No se trata de colores políticos ni de disputas administrativas, se trata de garantizar que la escuela vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser, un espacio seguro. Porque cuando un niño necesita un paraguas para ir a clase, no está fallando el clima. Está fallando la gestión pública.