La España que defiende Vivas
La política tiene sentido cuando sirve para reafirmar principios, incluso cuando hacerlo implica discrepar de quienes comparten siglas. La respuesta del presidente de Ceuta, Juan Vivas, a las polémicas declaraciones de Mariano Rajoy sobre la selección francesa constituye un ejemplo de ello. Frente a un discurso que cuestiona la nacionalidad de unos futbolistas por el origen de sus familias, Vivas ha recordado una evidencia democrática: la nacionalidad no la determina la etnia, la religión ni la cultura.
“Todos los jugadores de la selección francesa son franceses, como también todos los jugadores de la selección española son españoles, recen como recen y se llamen como se llamen”. No se trata únicamente de una réplica a Rajoy. Es la reafirmación de un modelo de sociedad basado en la igualdad, el respeto y la ciudadanía, valores que adquieren una dimensión especial cuando quien los pronuncia es el presidente de una ciudad como Ceuta.
Porque Ceuta conoce mejor que nadie el significado de la convivencia. Es una tierra donde diferentes culturas, religiones y orígenes forman parte de la vida cotidiana. Gobernar una realidad así exige coherencia y responsabilidad. Y precisamente esa coherencia es la que ha demostrado una vez más Juan Vivas.
No es la primera ocasión en la que el presidente ceutí se desmarca de posiciones más extremistas o identitarias defendidas por dirigentes de su propio partido. A lo largo de su trayectoria política ha mantenido un discurso firme en favor de la convivencia entre comunidades, la igualdad de todos los españoles y el rechazo a cualquier intento de establecer categorías de ciudadanía en función de las raíces familiares o las creencias religiosas.
La intervención de Vivas también lanza un mensaje hacia el interior de su partido. La defensa de los principios constitucionales, de la igualdad y de la integración no debería entenderse como una excepción ni como una rectificación, sino como la esencia de un proyecto político que aspire a representar a todos.