Muchos más que una gala
El sábado terminó una gala benéfica, pero lo que realmente celebró ACMUMA fue algo mucho más importante que un aniversario. Treinta años no se cumplen todos los días y, cuando detrás de esa cifra hay miles de historias de superación, de apoyo y de solidaridad, la fecha merece detenerse unos minutos y mirar hacia atrás. Porque pocas asociaciones pueden decir que han dejado una huella tan profunda en tantas familias ceutíes.
Lo más admirable de ACMUMA es que nunca ha perdido de vista su razón de ser. Nació de mujeres que conocían perfectamente el miedo, la incertidumbre y el sufrimiento que provoca un cáncer de mama. En lugar de quedarse con esa experiencia para ellas, decidieron convertirla en ayuda para las que llegarían después. Ese gesto, que hace tres décadas pudo parecer pequeño, ha acabado convirtiéndose en una de las iniciativas sociales más valiosas de Ceuta.
La cena del sábado fue, en realidad, la excusa perfecta para dar las gracias. Gracias a quienes llevan años trabajando de forma desinteresada, a quienes colaboran cuando se organiza una actividad solidaria, a los comercios que siempre responden cuando se les pide ayuda y a las personas que, con una entrada o una donación, aportan su granito de arena para que la investigación siga avanzando. Porque detrás de cada euro recaudado hay una esperanza más para quienes mañana puedan enfrentarse a esta enfermedad.
También conviene recordar que ACMUMA no aparece solo cuando hay un acto público. Su trabajo continúa cuando se apagan los focos y termina la música. Está presente en el acompañamiento psicológico, en la fisioterapia, en el préstamo de material, en una conversación a tiempo o en un abrazo que, para quien lo recibe, puede significar mucho más de lo que imagina. Ese trabajo diario, discreto y constante, es el que verdaderamente explica por qué la asociación se ha ganado el cariño y el respeto de toda la ciudad.
Treinta años después de aquella conversación entre unas pocas mujeres que decidieron dar un paso al frente, ACMUMA sigue demostrando que la solidaridad nunca pasa de moda. La gala ya es historia, pero el mensaje permanece: mientras haya personas dispuestas a ayudar a otras sin pedir nada a cambio, siempre habrá motivos para creer que una sociedad puede ser un poco mejor.