Gobernar y fiscalizar
El Pleno Extraordinario de este lunes ha dejado una imagen que merece ser destacada y puesta en valor, la de una institución que funciona, que debate con altura y que entiende que la discrepancia no está reñida con el respeto. En un escenario político donde con demasiada frecuencia el ruido eclipsa el contenido, la sesión evidenció que es posible confrontar posiciones desde la responsabilidad y el compromiso con la ciudadanía.
Por un lado, el Gobierno, con la comparecencia voluntaria de su portavoz, Alejandro Ramírez, ofreció explicaciones detalladas sobre la gestión de los fondos europeos y la decisión adoptada respecto al Mercado de Terrones. La exposición fue técnica, argumentada y sustentada en datos concretos, asumiendo la complejidad administrativa y financiera del escenario. La transparencia no se limita a comparecer, sino a hacerlo con información precisa, cifras claras y argumentos comprensibles. Y eso fue lo que se vio, una voluntad expresa de rendir cuentas y de explicar decisiones que afectan directamente al interés general.
La decisión de renunciar a una financiación europea para evitar riesgos financieros mayores puede ser objeto de debate político -como debe serlo-, pero lo incuestionable es que fue presentada con rigor, detallando condicionantes, plazos, porcentajes de ejecución y responsabilidades administrativas. Esa forma de proceder fortalece la confianza institucional y contribuye a dignificar la acción pública.
Por otro lado, la oposición ejerció con firmeza su papel de fiscalización. Preguntó, cuestionó y puso el foco en los aspectos más sensibles de la gestión, cumpliendo con la función esencial que le corresponde en cualquier sistema democrático. La crítica, cuando se formula desde el respeto y con voluntad de control constructivo, no debilita a la institución, todo lo contrario, la fortalece. Porque el control parlamentario no es un obstáculo para gobernar, sino una garantía de que las decisiones se adoptan bajo escrutinio y con transparencia.
El equilibrio observado en el Pleno -defensa argumentada por parte del Ejecutivo y control exigente por parte de la oposición- refleja un funcionamiento saludable de la vida política local. No hubo descalificaciones personales, sino debate político en el sentido más noble del término.
En tiempos de polarización, conviene subrayar estos ejemplos. La ciudadanía no solo demanda resultados, también exige formas. Quiere instituciones que expliquen, partidos que controlen y representantes que, aun discrepando, se respeten. El último Pleno ha demostrado que ese camino es posible y que, cuando cada cual asume su papel con responsabilidad, gana la calidad democrática y, en última instancia, gana la ciudad.