Gobernar para todos, proteger la convivencia

Juan Jesús Vivas Lara, presidente la Ciudad Autónoma de Ceuta.
Juan Jesús Vivas Lara, presidente la Ciudad Autónoma de Ceuta. | REDUAN
EL PUEBLO
21 may 2026 - 01:54

El Debate sobre el Estado de la Ciudad ha dejado algo más importante que cifras, proyectos o titulares. Ha dejado una idea clara de ciudad. Una Ceuta que avanza desde la estabilidad institucional, la responsabilidad política y la defensa de la convivencia como principal patrimonio colectivo.

El balance realizado por el presidente no puede analizarse únicamente desde la lógica partidista o desde el desgaste cotidiano del debate político. Los datos en empleo, afiliación a la Seguridad Social, vivienda pública o impulso de infraestructuras estratégicas reflejan una gestión orientada a consolidar el crecimiento de Ceuta y a situar los intereses de los ciudadanos por encima de cualquier cálculo electoral. Y eso, en el contexto político actual, tiene un valor especialmente relevante.

Frente a quienes han convertido la confrontación permanente en una forma de hacer oposición, el Gobierno de la Ciudad ha mantenido una línea clara, la de gobernar para todos. Para quienes respaldan al Ejecutivo y para quienes discrepan de él. Para cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes. Para quienes piensan distinto y entienden que el futuro de Ceuta solo puede construirse desde la cohesión y no desde la fractura social.

Precisamente por ello resulta especialmente preocupante que, una vez más, partidos como Ceuta Ya! y Vox hayan utilizado la Asamblea para introducir discursos donde la religión y la identidad cultural se convierten en herramientas de confrontación política. Es un error profundamente irresponsable jugar con cuestiones tan sensibles en una ciudad como Ceuta, donde la convivencia no es un simple lema institucional ni una fotografía para los actos oficiales, sino una realidad cotidiana construida durante generaciones con esfuerzo, respeto y equilibrio.

Ceuta no puede permitirse dinámicas políticas que clasifiquen a los ciudadanos según cómo recen, cuál sea su apellido o cuál sea su origen cultural. Ese camino solo conduce al deterioro del clima social, a alimentar recelos innecesarios y a poner en riesgo uno de los pilares fundamentales que distinguen a nuestra ciudad, su capacidad histórica para convivir desde la diversidad y el respeto mutuo.

La inmensa mayoría de los ceutíes entiende perfectamente que, antes que musulmanes, cristianos, hebreos o hindúes, somos ceutíes. Y es precisamente esa identidad compartida la que ha permitido que esta tierra siga siendo ejemplo de convivencia incluso en los momentos más difíciles y complejos de su historia reciente.

La política útil es la que resuelve problemas reales, impulsa viviendas, genera oportunidades, mejora servicios públicos y defiende los intereses de Ceuta ante el Estado. La política estéril, por el contrario, es la que busca titulares fáciles a costa de abrir heridas identitarias que nunca deberían utilizarse para obtener rédito electoral.

En un tiempo marcado por la polarización y el ruido constante, Ceuta necesita serenidad, altura institucional y sentido de ciudad. Necesita dirigentes capaces de comprender que gobernar no consiste en enfrentar a unos vecinos contra otros, sino en construir un proyecto común donde todos tengan cabida, independientemente de sus creencias, sensibilidades o procedencia.

Porque la convivencia no pertenece a ningún partido político. Pertenece a Ceuta. Y protegerla, defenderla y fortalecerla es una obligación moral, institucional y democrática que debe situarse por encima de cualquier interés partidista.

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