Una humillación intolerable a Ceuta

Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior.
Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior. | EL PUEBLO
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21 sep 2026 - 03:43

La Selección Española no jugará en Ceuta. No era un simple partido de fútbol. Nunca lo fue. El encuentro que la Selección Española iba a disputar en el estadio Alfonso Murube contra México era un acto de arraigo, un abrazo de la nación a una ciudad castigada y una afirmación de soberanía. Sin embargo, la decisión del Ministerio del Interior de aconsejar su cancelación alegando la imposibilidad de “garantizar la seguridad” dinamita la confianza de esta tierra. Con esa firma, el Gobierno de Pedro Sánchez y, de manera muy directa, el ministro Fernando Grande-Marlaska, han firmado un acta de rendición institucional de consecuencias devastadoras.

Lo que el Ministerio del Interior ha estampado en un informe oficial no es un ajuste de agenda ni un criterio técnico prudente: es la confesión explícita de que el Estado español se declara incapaz de mantener el orden público y proteger a sus ciudadanos en una parte fundamental de su territorio. Admitir públicamente que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no están en condiciones de asegurar la tranquilidad durante un acontecimiento deportivo supone cruzar una línea roja. Si el Estado no puede garantizar la seguridad para noventa minutos de fútbol, ¿qué seguridad está ofreciendo en el día a día a los hombres y mujeres que viven, trabajan y se sostienen en Ceuta?

La gravedad del diagnóstico es extrema. Se está enviando un mensaje letal tanto dentro como fuera de nuestras fronteras: que Ceuta es un territorio donde la soberanía nacional se vuelve difusa, condicionado por tensiones, cálculos de política exterior y el constante temor a incomodar al Reino de Marruecos. Cuando la diplomacia del chantaje o el miedo al desorden social se imponen sobre la presencia del Estado, la dignidad de toda una población queda reducida a moneda de cambio.

En este clima desembarca en la ciudad el ministro Marlaska. Una visita que los ceutíes no viven con la esperanza de ser escuchados, sino con la rabia del que se sabe agraviado y humillado. Quien dijo en el pasado que las sensaciones de desprotección eran “subjetivas” firma hoy la renuncia efectiva a desplegar los medios necesarios para que España juegue en su propio suelo. En lugar de reforzar las plantillas policiales, de dotarlas de recursos y de ejercer la autoridad firme que exige una frontera sur de Europa, la respuesta del Gobierno ha sido la vía cobarde del repliegue.

Esto no va de derechas o de izquierdas. Tampoco de rencillas partidistas. Esto va del dolor y de la rabia contenida de un pueblo que exige ser tratado con el mismo respeto y las mismas garantías que cualquier otra provincia o comunidad autónoma. La indignación de Ceuta no responde a una consigna política; nace de las tripas de una sociedad que se siente desamparada, desatendida, abandonada, y ahora también humillada, por quienes tienen el deber constitucional de protegerla.

Negarle a Ceuta la presencia de la Selección Española bajo el pretexto de la impotencia policial es la certificación de una dejación de funciones intolerable. Ni esta ciudad merece la humillación de ser tratada como un escenario de excepción, ni el Gobierno de la Nación tiene derecho a dimitir de sus obligaciones en la frontera sur. Exigimos respeto a la dignidad ceutí, restitución inmediata del compromiso del Estado y el fin de un abandono que quebranta la cohesión nacional.

Marlaska visita hoy Ceuta precisamente cuando su Ministerio acaba de trasladar a los ceutíes uno de los mensajes institucionales más duros que podían recibir. Estará en Delegación del Gobierno a las 17:00 horas. Que no espere aplausos. Que se conforme con que la policía pueda garantizar su seguridad. Quizá llegue un día en el que no pueda.

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