Humo con trampa

Rueda de prensa de presentación de la campaña.
Rueda de prensa de presentación de la campaña. | EL PUEBLO
EL PUEBLO
30 may 2026 - 02:17

Ceuta tiene motivos para sentirse moderadamente satisfecha. Los datos conocidos este viernes reflejan que el consumo diario de cigarrillos en la ciudad se sitúa por debajo de la media nacional y que el porcentaje de fumadores habituales tampoco alcanza las cifras del conjunto del país. Pero convertir esos datos en motivo de autocomplacencia sería un error peligroso.

Porque detrás de las estadísticas sigue existiendo una realidad incontestable: fumar mata. Y lo hace de forma silenciosa, lenta y devastadora. Enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios, distintos tipos de cáncer y un enorme coste sanitario continúan vinculados directamente a un hábito que todavía forma parte de demasiadas rutinas cotidianas. Las cerca de 56.000 muertes anuales que provoca el tabaco en España no son una cifra fría; son familias rotas, hospitales saturados y vidas truncadas demasiado pronto.

Por ello, la campaña presentada por la Ciudad acierta en algo fundamental: cambiar el tono del mensaje. Durante años, la lucha contra el tabaquismo se centró únicamente en la prohibición y el castigo social. Ahora se apuesta por acompañar, ayudar y comprender al fumador. El planteamiento de la Unidad Especializada de Tabaquismo es probablemente más efectivo porque entiende que dejar de fumar no depende solo de la voluntad, sino también del apoyo profesional y emocional. Ahí está precisamente el valor de una unidad que lleva más de dos décadas trabajando y que ya ha ayudado a miles de personas a abandonar la nicotina.

Sin embargo, el verdadero desafío ya no es únicamente el cigarrillo tradicional. La advertencia de Cleopatra R’Kaina debería preocupar especialmente a quienes creen que el problema está desapareciendo. La industria tabaquera ha cambiado el envoltorio, el olor y hasta la estética del consumo, pero el objetivo sigue siendo el mismo: crear dependencia. Hoy el humo ya no siempre huele a tabaco; huele a fresa, menta o chicle. Y eso lo convierte en algo todavía más peligroso para los jóvenes, porque disfraza la adicción de modernidad, inocencia y tendencia social.

Ceuta está haciendo muchas cosas bien: programas educativos, playas sin humo, campañas de prevención y unidades móviles para concienciar a los jóvenes. Pero la batalla no ha terminado. Simplemente ha cambiado de escenario. Y quizá el mayor riesgo sea precisamente ese: pensar que porque se fuma menos, el problema ya está controlado. El tabaquismo sigue encontrando nuevas puertas de entrada. La diferencia es que ahora llegan envueltas en colores llamativos y sabores dulces.

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