Marlaska, si hay muertos en las calles de Ceuta, usted será el responsable
Sí. Lo decimos así, sin anestesia que tanto gusta en los despachos de Madrid. Porque ya estamos hartos. Hartísimos. Este jueves volvió usted a Ceuta. Otra vez. Ha venido a mirar, a escuchar, a reunirse, a explicar y, suponemos, a transmitir tranquilidad. ¿Y después? Después se marchó. Y los miles de personas que han entrado en Ceuta siguen aquí. Y los problemas siguen aquí. Y la angustia sigue aquí. Y la sensación de abandono sigue aquí. Los únicos que parecen tener prisa por marcharse de Ceuta es su Gobierno.
¿Hasta cuándo piensan tomarnos el pelo? Porque esto ya no es una cuestión de colores políticos. No es una disputa entre partidos. No es una discusión sobre titulares. Es algo mucho más elemental: el Estado está obligado a proteger a sus ciudadanos y a garantizar el funcionamiento de una ciudad española. Y en Ceuta tenemos la sensación de que el Estado ha decidido ponerse de perfil.
Usted viene a Ceuta cuando la situación está al límite y se comporta como si estuviera visitando una provincia que atraviesa una pequeña incidencia. No, señor ministro. Esto no es una pequeña incidencia. Esto es Ceuta. Una ciudad española situada en una frontera exterior de la Unión Europea que está soportando una presión extraordinaria mientras desde Madrid se suceden las reuniones, las declaraciones y los buenos propósitos.
Reuniones. Declaraciones. Buenos propósitos. Y mientras tanto, Ceuta que aguante. Qué fácil es decirlo desde un despacho de Madrid. Qué fácil es pedir calma cuando no son sus calles las que tienen que absorber las consecuencias. Qué fácil es hablar de solidaridad cuando son los mismos de siempre quienes tienen que pagar la factura.
Pero hay algo que quizá el Gobierno no ha entendido todavía: los ceutíes no son ciudadanos de segunda. Es insultante que, ante una situación como la que estamos viviendo, la respuesta de Madrid sea mandar al ministro, escuchar las quejas y marcharse. ¿Qué tendría que ocurrir para que el Gobierno reaccionase? ¿Que los servicios públicos colapsen? ¿Que la convivencia se deteriore todavía más? ¿Que la tensión social termine estallando? ¿Que ocurra una desgracia? ¿Qué haya muertos en nuestras calles? Esperamos que no. Y precisamente por eso lo decimos ahora, antes de que sea demasiado tarde.
El Gobierno tiene la obligación de actuar cuando todavía puede hacerlo. No después. No cuando haya imágenes que den la vuelta a España y al mundo. No cuando la oposición monte una comisión. No cuando Europa pregunte qué demonios está ocurriendo en una frontera exterior. Ahora. Porque la paciencia de los ceutíes no es infinita.
Y cuidado con confundir paciencia con resignación. Los ceutíes han demostrado durante décadas una capacidad de resistencia que probablemente ningún ministro de Madrid podría soportar durante mucho tiempo. Hemos soportado crisis fronterizas, presiones migratorias, aislamiento, problemas de transporte y la permanente sensación de que para determinadas cosas España empieza demasiado lejos. Pero esta vez hay algo diferente. Esta vez existe una sensación creciente de que el Gobierno está probando cuánto puede aguantar Ceuta antes de verse obligado a actuar. Y eso es irresponsable. Muy irresponsable.
Usted y su presidente, Pedro Sánchez, deberían entender una cosa: Ceuta no necesita que le expliquen su problema. Lo está viviendo. No necesitamos que nos digan que la situación es compleja. Ya lo sabemos. No necesitamos que nos recuerden que Marruecos es un país vecino. También lo sabemos. No necesitamos más fotografías. Necesitamos soluciones. Y si el Gobierno no sabe cómo resolver inmediatamente esta crisis, que lo diga. Que diga la verdad. Que explique, sobre todo, por qué los ceutíes tienen que seguir pagando las consecuencias de una crisis que no han provocado.
Lo que no puede hacer es venir aquí, poner cara de preocupación, decir que todo está bajo control y marcharse dejando exactamente el mismo problema detrás. Porque entonces solo cabe una conclusión. O el Gobierno no entiende lo que está ocurriendo en Ceuta o, peor todavía, lo entiende perfectamente y ha decidido que Ceuta puede esperar. Pues no. Ceuta no puede esperar. Y tampoco va a callarse.
Señor Marlaska, desde La Moncloa y desde el Ministerio del Interior parece que se han acostumbrado a que Ceuta aguante todo. Se equivocan. Ceuta está cansada. Y esta vez no estamos dispuestos a mirar hacia otro lado.
Basta ya.