Marlaska vuelve a tomarnos por idiotas
No es que los ceutíes la tenga tomada con Fernando Grande-Marlaska. No se trata de criticar por criticar, ni de convertir al ministro del Interior en el blanco permanente de nuestras páginas. Se trata, sencillamente, de mirar los hechos, escuchar lo que dice el propio Gobierno y preguntarnos cómo pretende Marlaska que los ceutíes confíen en sus palabras cuando sus explicaciones chocan frontalmente con la realidad que se vive en la calle. Y la única respuesta posible es quiere tomarnos por idiotas. Así, no es de extrañar que ciudadanos de Ceuta lo recibieran este martes entre gritos e insultos.
Porque hay algo que resulta difícil de entender. En su comparecencia, el ministro quiso explicar que el procedimiento de filiación de los inmigrantes llegados a la ciudad es extraordinariamente complejo, que requiere tiempo y que hace necesario disponer de más efectivos y de más puestos de trabajo para poder avanzar. Hasta ahí, nada que objetar. Si el procedimiento es complejo, habrá que dotarlo de los medios necesarios, tanto humanos como materiales, algo que venimos reclamando desde el inicio de esta crisis. Lo que resulta difícil de aceptar es que, en esa misma comparecencia, se presente como un éxito la puesta en marcha de una CATE que cuenta con apenas 15 líneas de trabajo para realizar las filiaciones de miles y miles de inmigrantes —25 si se suman las disponibles en el puesto fronterizo y en la Jefatura Superior de Policía—. ¿A quién quieren engañar? Es ridículo e indignante. Muy indignante.
¿De verdad pretende el ministro que miremos hacia otro lado? ¿Cómo puede hablarse de avances cuando, 40 días después de la crisis, Interior apenas ha conseguido filiar a unos 1.100 inmigrantes, mientras miles de personas continúan todavía en Ceuta? ¿Cómo puede anunciarse que la normalidad “volverá pronto” cuando los propios datos ofrecidos por el Ministerio evidencian las enormes dificultades para completar un procedimiento que debería ser prioritario?
Y no estamos hablando de una dificultad sobrevenida o imprevisible. Los sindicatos policiales llevan denunciando, una y otra vez, la falta de personal. Todos. No uno, ni dos. Todos y cada uno de los sindicatos policiales vienen reclamando más efectivos para hacer frente a una situación extraordinaria que está exigiendo a los agentes mucho más de lo que razonablemente puede pedírseles. Entonces, ¿qué espera el Gobierno?
Ceuta no necesita discursos tranquilizadores. Necesita medios. Necesita policías. Necesita capacidad operativa. Necesita que quienes toman decisiones desde Madrid comprendan que lo que sobre el papel puede parecer una cifra, un procedimiento administrativo o un problema de gestión, aquí tiene consecuencias directas sobre la vida cotidiana de miles de personas. Su gestión es vergonzosa.
Por eso también cuesta entender que Marlaska venga a Ceuta y califique de “subjetiva” la percepción de inseguridad de los ceutíes. ¿Subjetiva? Que se lo expliquen a quienes ven cómo se multiplican las detenciones, las violaciones, los robos, las agresiones… y cómo se tensionan los servicios de emergencia. A quienes sufren las consecuencias de una ciudad sometida a una presión extraordinaria. A quienes contemplan cada día una realidad que difícilmente puede despacharse como una mera percepción subjetiva.
El problema de fondo no es que Marlaska sea más o menos querido en Ceuta. Tampoco que reciba abucheos. El problema es que un ministro del Interior debería preguntarse por qué una parte importante de la ciudadanía ha perdido la confianza en su gestión y qué está haciendo su Gobierno para recuperarla. Porque quizá lo más preocupante de todo sea la sensación de que el ministro nos toma por idiotas. Que piense que basta con envolver una realidad evidente en lenguaje administrativo, hablar de procedimientos “complejos”, de “normalidad” y de “percepción subjetiva” para que los ceutíes olvidemos lo que vemos y vivimos cada día. Pero Ceuta no es ingenua. Sabe contar policías, sabe contar filiaciones y sabe contar los días que han pasado. Y cuando las palabras de un ministro no encajan con los hechos que tiene delante la ciudadanía, el problema no es que los ceutíes no entiendan las explicaciones: es que las explicaciones resultan sencillamente inaceptables.
Marlaska no tiene un problema de comunicación con Ceuta. Tiene un problema de credibilidad en su gestión. Y la credibilidad no se recupera con declaraciones. Se recupera con hechos. Ceuta está al límite de su capacidad de respuesta y, sobre todo, al límite de su paciencia. Lo responsable no es negar esa realidad ni pedir a los ceutíes que bajen la voz. Lo responsable es actuar antes de que la frustración termine convirtiéndose en una fractura social todavía más profunda.