Una medalla, dos ciudades y una ausencia
Hay reconocimientos que pertenecen a quien los recibe. Y hay otros que, por su significado y por la institución que los concede, trascienden ampliamente a la persona distinguida. La Medalla de Oro del Senado que han recibido los presidentes de Ceuta y Melilla, Juan Jesús Vivas y Juan José Imbroda, pertenece claramente a esta segunda categoría.
No estamos ante una distinción menor ni ante un gesto protocolario más. La Cámara Alta, precisamente por su condición de Cámara de representación territorial, ha querido reconocer con su máxima distinción a quienes encarnan institucionalmente a dos ciudades españolas que ocupan un lugar singular en el mapa político, geográfico y estratégico de España.
La relevancia del reconocimiento, por tanto, va mucho más allá de las trayectorias políticas de Vivas e Imbroda. Es un reconocimiento a Ceuta y Melilla. A su españolidad. A su condición de ciudades de frontera. A su papel como puerta de entrada y frontera exterior de Europa. A las dificultades extraordinarias que ambas afrontan y, también, a la responsabilidad que sus instituciones y sus ciudadanos asumen cada día para mantener viva la convivencia en unos territorios sometidos a una presión que no siempre se comprende suficientemente desde la Península. Que el Senado haya decidido conceder su Medalla de Oro a los presidentes de ambas ciudades constituye, por ello, un mensaje político e institucional de primer orden: Ceuta y Melilla importan, y el Estado debe estar presente en ellas.
Y precisamente por la importancia de ese mensaje resulta imposible ignorar una ausencia: la del PSOE. Es legítimo que un partido discrepe de la gestión de los presidentes de Ceuta y Melilla. Es legítimo criticar sus políticas, sus decisiones o sus planteamientos. La discrepancia forma parte de la democracia y no debe ser cuestionada. Pero una cosa es discrepar de dos presidentes autonómicos y otra muy distinta es ausentarse de un acto en el que la institución que representa a los territorios de España distingue, con su máxima condecoración, a las dos ciudades autónomas.
Porque esta medalla no debería interpretarse como un premio partidista a Vivas e Imbroda. No se estaba homenajeando a unas siglas. Se estaba homenajeando a dos ciudades españolas. Y ahí es donde la ausencia socialista adquiere una dimensión que merece ser señalada. En política hay ocasiones para la confrontación y ocasiones para la altura de miras. Hay debates que admiten trincheras y hay momentos en los que las diferencias partidistas deberían quedar en un segundo plano ante lo que representa una institución. Este era uno de esos momentos.
La Medalla de Oro del Senado tiene un valor especial porque procede de una institución cuya razón de ser está estrechamente vinculada a la representación territorial. Que esa Cámara haya colocado a Ceuta y Melilla en el centro de uno de sus actos más solemnes debería ser motivo de satisfacción para todos aquellos que defienden el papel de ambas ciudades dentro de España, con independencia de su color político.
Vivas e Imbroda recibieron este martes la medalla. Pero la medalla no termina en ellos. Detrás de sus nombres están los miles de ceutíes y melillenses que sostienen cada día estas dos ciudades; están sus familias, sus trabajadores, sus empresarios, sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, sus instituciones y todos aquellos que contribuyen a construir una convivencia que, por las circunstancias de estos territorios, tiene un valor extraordinario.
Por eso conviene no empequeñecer esta distinción convirtiéndola en una cuestión partidista. El verdadero protagonista es otro. Hoy el Senado ha reconocido a Ceuta y Melilla. Y precisamente por eso, quienes tienen la responsabilidad de representar a los españoles deberían haber entendido que hay actos a los que se acude no para respaldar a un presidente, sino para respaldar a una ciudad.
La medalla es para Vivas e Imbroda, sí. Pero, sobre todo, es para Ceuta y Melilla. Y ante ellas, ninguna sigla debería mirar hacia otro lado. La política pasa. Las siglas cambian. Los presidentes también. Ceuta y Melilla permanecen.