Memoria que dignifica
El acto celebrado este lunes por la Policía Nacional en homenaje a las víctimas del terrorismo es un ejercicio de memoria democrática, de reconocimiento y de justicia hacia quienes pagaron el precio más alto por defender la libertad, el Estado de Derecho y la convivencia de todos los españoles.
En una época en la que el paso del tiempo corre el riesgo de diluir los recuerdos y convertir las tragedias en simples cifras estadísticas, resulta imprescindible mantener viva la memoria de las víctimas. La Policía Nacional ha entendido esa responsabilidad y ha hecho de este homenaje un compromiso permanente con la verdad, la dignidad y el recuerdo de sus compañeros asesinados por la barbarie terrorista.
Especialmente emotivo fue el reconocimiento dedicado al policía ceutí Mohamed Hamed Abderrahmán, asesinado por la banda terrorista ETA el 23 de noviembre de 1984 en Irún cuando cumplía con su deber. Su nombre representa el de tantos hombres y mujeres que fueron señalados y asesinados únicamente por vestir un uniforme y servir a España. Detrás de cada víctima había una vida, una familia, unos sueños y un futuro que el terrorismo truncó de forma cruel e injustificable.
La presencia de su viuda y de su hijo otorgó al acto una dimensión humana que recordó a todos los asistentes que el dolor de las víctimas no terminó con el atentado. Las heridas permanecen en las familias, que han soportado durante décadas la ausencia de sus seres queridos con una dignidad admirable. El reconocimiento público que recibieron constituye un gesto necesario de gratitud colectiva y de respeto institucional.
La sociedad española derrotó al terrorismo gracias a la fortaleza de sus instituciones, a la unidad de los demócratas y al sacrificio de quienes estuvieron en primera línea defendiendo nuestras libertades. Pero esa victoria solo será completa si la memoria de las víctimas permanece intacta y si las nuevas generaciones conocen lo que ocurrió para que jamás vuelva a repetirse.
Por ello, actos como el celebrado este lunes son una obligación moral con el presente y el futuro. Recordar a Mohamed Hamed Abderrahmán y a todos los policías nacionales asesinados por el terrorismo es reafirmar los valores de libertad, convivencia y democracia que ellos defendieron hasta las últimas consecuencias.
Porque la memoria de las víctimas no prescribe. Porque su sacrificio merece el reconocimiento permanente de toda la sociedad. Y porque una democracia sólida se construye también sobre el respeto y la gratitud hacia quienes dieron su vida por protegerla.