Negar lo evidente
Cuando el Ministerio del Interior responde por escrito al Congreso negando la existencia de entradas irregulares por vía aérea, pese a las evidencias conocidas, no estamos ante un simple error administrativo. Estamos ante una decisión política consciente de ocultar la realidad. Y eso, en un asunto tan serio como la seguridad fronteriza, es sencillamente inaceptable. No se puede despachar con un “aquí no pasa nada” lo que los propios agentes han visto, documentado y comunicado.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles y el Partido Popular de Ceuta no se apoyan en suposiciones ni en discursos alarmistas. Hablan de hechos concretos ocurridos en octubre de 2025, con entradas en parapente procedentes de Marruecos, aterrizajes en territorio español, parapentes localizados y partes operativos levantados por la Guardia Civil. Negar todo eso en una respuesta parlamentaria no es una discrepancia política: es faltar a la verdad de forma deliberada.
Lo más grave no es solo la mentira, sino el desprecio implícito al trabajo de los profesionales que vigilan nuestras fronteras. Cuando el Gobierno desmiente lo que afirman y acreditan sus propios cuerpos de seguridad, está diciendo, en la práctica, que los agentes mienten o exageran. Esa desautorización es profundamente irresponsable y mina la moral, la eficacia y la confianza en las instituciones.
Además, esta estrategia de negación no contribuye en absoluto a mejorar la seguridad. Al contrario, impide reconocer nuevas formas de entrada irregular, frena la adopción de medidas preventivas y retrasa la dotación de medios humanos y materiales adecuados. Si se niega el problema, jamás se buscará la solución. Y mientras tanto, las redes que trafican con personas siguen adaptándose y perfeccionando sus métodos.
Lo que ocurre en Ceuta no es un invento ni una exageración incómoda: es una realidad que exige transparencia, seriedad y responsabilidad institucional. Negar lo evidente, mentir sin rubor y ocultar información en sede parlamentaria es de muy poca vergüenza política. Escuchar a la AUGC y reconocer los hechos no debilita al Gobierno; persistir en la mentira, sí.