No se puede maquillar la realidad

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EL PUEBLO
13 sep 2026 - 03:53

Ya no vale hablar de sensaciones. La tensión crece en las calles de Ceuta y los episodios violentos se suceden con una frecuencia cada vez más preocupante desde la entrada masiva de migrantes del pasado 30 de julio. Los datos y los sucesos están ahí. Solo en las últimas horas hemos contado dos guardias civiles agredidos, un militar con el peroné fracturado y tres detenidos tras la agresión y el intento de robo a un hombre frente a la iglesia de Los Remedios. A ello se suman intervenciones policiales en las que se han localizado armas blancas y hasta una porra extensible. Negar que existe un problema serio en las calles empieza a resultar tan difícil como irresponsable.

Y mientras todo esto ocurre, desde determinados despachos se sigue hablando de una inseguridad “subjetiva”. ¿Subjetiva para quién? Desde luego, no para los agentes que terminan lesionados, para el militar que acaba con una fractura, para quien sufre una agresión o para los vecinos que contemplan cómo determinadas zonas de su ciudad han cambiado radicalmente en apenas mes y medio. Una cosa es evitar el alarmismo y otra muy distinta pretender maquillar una realidad que cada jornada ofrece nuevos motivos de preocupación.

Conviene decirlo también con claridad: no se puede criminalizar a miles de personas por los delitos cometidos por algunos, pero tampoco utilizar ese argumento como excusa para esconder lo que está ocurriendo. Quien delinque debe responder ante la ley, sea ceutí, peninsular, marroquí o de cualquier otra procedencia. El verdadero problema aparece cuando una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados recibe de golpe una presión humana extraordinaria sin disponer de medios, espacios ni efectivos suficientes para gestionarla. Ahí es cuando la tensión social prende con demasiada facilidad.

Ceuta necesita más policías, más guardias civiles, más recursos judiciales y una respuesta contundente del Estado. Necesita además que quienes tienen responsabilidades políticas dejen de discutir sobre percepciones mientras los profesionales que están a pie de calle lidian diariamente con una situación excepcional. La seguridad no puede convertirse en una batalla de relatos: cuando aumentan los incidentes, las intervenciones y las agresiones, la obligación de cualquier Gobierno es reaccionar, no buscar un adjetivo que rebaje su gravedad.

Porque lo verdaderamente peligroso no es reconocer que Ceuta tiene un problema. Lo peligroso es esperar a que ocurra algo todavía más grave para admitirlo. La tensión está creciendo y cada nuevo episodio aprieta un poco más una cuerda que lleva semanas demasiado tensa. Todavía estamos a tiempo de evitar que termine rompiéndose, pero para ello hace falta menos propaganda, más presencia en las calles y una respuesta política a la altura de una ciudad que ya ha soportado demasiado.

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