La obscenidad de ‘Varsovia’ no cabe en una pena
Han pasado casi tres años desde que la ‘Operación Varsovia’ sacudió a Ceuta al destapar un escándalo difícil de asumir: adultos que mantenían relaciones sexuales pagadas con menores de edad. Aquel caso no reveló un episodio aislado, sino una cadena de hechos gravísimos que, con el paso del tiempo, ha ido aflorando en piezas separadas y en juicios distintos.
La pena de tres años de prisión para el ‘Tronko’ este miércoles provoca una sensación inevitable de desproporción ante la gravedad de lo escuchado en la Audiencia. Se habla de un adulto que ofreció dinero a menores que rondaban los 15 años para mantener relaciones sexuales con ellos.
El funcionamiento de la justicia, con conformidades y rebajas de pena derivadas del reconocimiento de los hechos, puede explicar jurídicamente el resultado, pero no elimina la impresión de insuficiencia que deja en la calle un caso de esta naturaleza.
Menos aún cuando alrededor de estos procedimientos han aparecido expresiones como “consentimiento” que, aun teniendo encaje técnico en un escrito, chocan de frente con la evidencia moral del abuso de poder y de edad que subyace en estos hechos.
Varsovia, que retrata una falla serie en la protección de menores vulnerables, no termina en esta sentencia. La macrocausa ha ido derivando en distintas piezas que afectan a varios acusados y que seguirán pasando por sede judicial.
Nada va a reparar del todo el daño causado a esos chicos y chicas, tratados como mercancía para satisfacer el deseo de adultos que sabían perfectamente con quién estaban tratando.
Tampoco bastará con que vayan llegando condenas parciales si la ciudad no extrae de todo esto una respuesta más profunda. Lo único que puede celebrarse, y solo en parte, es que por fin estén empezando a dictarse condenas en un caso que estremeció a la ciudad.