Una ordenanza desde el consenso

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01 jul 2026 - 04:24

La elaboración de una nueva ordenanza de terrazas y veladores supone una oportunidad para modernizar una normativa que llevaba años necesitando una actualización. Pero, más allá del contenido final del documento, hay un aspecto que merece ser destacado, la voluntad del Gobierno de la Ciudad de construir esta regulación desde el diálogo y el consenso.

No es habitual que una administración implique de manera tan directa a los principales afectados antes incluso de redactar el documento definitivo. En este caso, el Ejecutivo ha optado por trabajar codo con codo con la Cámara de Comercio y con los representantes del sector hostelero, escuchando sus propuestas y permitiendo que sean ellos quienes aporten un primer borrador sobre el que después trabajarán los servicios técnicos municipales. Sin duda, el compromiso existe, pero hay que tener en cuenta que es un documento que urgente y que debe estar de manera inmediata.

En este sentido, esta forma de proceder demuestra una manera diferente de entender la gestión pública. Quienes cada día levantan la persiana de un negocio conocen mejor que nadie las dificultades que plantea la normativa vigente y las necesidades reales de un sector que constituye uno de los motores económicos de la ciudad. Contar con ellos no significa renunciar a la capacidad de decisión de la Administración, sino enriquecer el proceso para alcanzar una regulación más eficaz, equilibrada y adaptada a la realidad.

Las primeras líneas avanzadas por el consejero Rafael Martínez Peñalver apuntan precisamente en esa dirección. La futura ordenanza buscará compatibilizar la actividad económica con el descanso vecinal y la correcta utilización del espacio público, un equilibrio imprescindible en cualquier ciudad que aspire a crecer sin generar conflictos innecesarios.

La incorporación de criterios estéticos, soluciones de iluminación integradas, elementos de protección frente al viento o una imagen más homogénea para las terrazas responde también a una visión de ciudad más moderna y ordenada, capaz de mejorar su espacio urbano sin perjudicar a un sector que genera empleo y dinamiza la economía local.

Frente a las críticas por la supuesta lentitud del proceso, conviene recordar que las buenas normas no suelen ser fruto de la improvisación. Una ordenanza que aspire a perdurar debe nacer del consenso, del análisis técnico y de la participación de quienes tendrán que aplicarla. La rapidez nunca debería imponerse a la calidad legislativa.

Si finalmente el texto mantiene el espíritu de diálogo que ha presidido su elaboración, la Ciudad habrá dado un paso importante no solo en la regulación de las terrazas, sino también en la forma de gobernar: escuchando, negociando y buscando soluciones que beneficien al interés general sin olvidar a quienes generan riqueza y empleo.

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