Un paso necesario
La creación de un grupo de trabajo específico para Ceuta y Melilla puede parecer, a primera vista, una decisión más de las muchas que se anuncian tras una reunión ministerial. Sin embargo, conviene no despacharla con indiferencia. Si ese órgano acaba funcionando como se ha planteado, puede convertirse en una herramienta útil para que la ciudad deje de gestionar sus problemas a golpe de llamada telefónica o de reunión improvisada y pase a tener un canal estable con los ministerios que realmente tienen capacidad para resolverlos.
No es casualidad que el delegado del Gobierno haya puesto el foco en esta medida. Ceuta arrastra desde hace años asuntos que dependen de varios departamentos del Estado al mismo tiempo: la frontera, las conexiones marítimas, la presión migratoria, la justicia o determinadas cuestiones económicas. Cuando cada ministerio trabaja por separado, los avances llegan con cuentagotas. Sentarlos alrededor de la misma mesa es, como mínimo, una forma inteligente de intentar que las piezas encajen.
También resulta acertada la intención de celebrar las reuniones en Ceuta o Melilla. Es fácil tomar decisiones desde un despacho en Madrid, pero otra cosa muy distinta es conocer sobre el terreno las dificultades que supone gestionar una ciudad con unas características tan singulares. Ver la realidad de cerca ayuda a entenderla mejor, y entenderla suele ser el primer paso para ofrecer respuestas más eficaces.
Eso sí, los ceutíes tienen motivos para ser prudentes. La ciudad ha escuchado demasiados anuncios que acabaron perdiéndose entre informes, comisiones y buenas intenciones. Este nuevo grupo de trabajo solo tendrá sentido si de él salen decisiones concretas, plazos definidos y soluciones visibles para los ciudadanos. De poco servirá acumular reuniones si todo sigue igual unos meses después.
Miguel Ángel Pérez Triano parece haber entendido que esta iniciativa no debe quedarse en un simple gesto institucional. Su apuesta por incorporar al Ministerio de Inclusión debido al peso que tiene la cuestión migratoria o por abordar asuntos como el transporte marítimo demuestra que el objetivo pasa por poner sobre la mesa los problemas reales de Ceuta, no por elaborar un catálogo de declaraciones.
Ahora le toca al Gobierno demostrar que este compromiso va en serio. Si el grupo de trabajo logra convertir la coordinación en resultados, Ceuta habrá dado un paso importante para que sus singularidades dejen de ser un obstáculo y empiecen a recibir la atención específica que llevan años reclamando. Porque, al final, los ciudadanos no juzgan las promesas, sino los hechos.