Con nuestros policías y guardias civiles
Nunca hemos sido de escondernos detrás de la equidistancia. En esta ocasión tampoco. El encierro de policías nacionales y guardias civiles en la Secretaría de Estado de Seguridad merece una respuesta clara: nuestro apoyo a quienes llevan décadas protegiendo a los ciudadanos es total, firme y sin fisuras.
No se han encerrado para reclamar un privilegio. Se han encerrado para reclamar su reconocimiento como profesión de riesgo y una jubilación digna después de una vida profesional marcada por la responsabilidad, la disponibilidad, el riesgo y el sacrificio. Y lo hacen después de meses de negociaciones en las que, una vez más, las soluciones parecen quedar subordinadas a los tiempos políticos. No debería ser así.
Quienes visten el uniforme no pueden ser siempre los primeros a los que se exige y los últimos a los que se reconoce. No pueden ser imprescindibles cuando se trata de garantizar nuestra seguridad y convertirse en una reivindicación pendiente cuando llega el momento de reconocer sus derechos. Policías y guardias civiles merecen respeto. Merecen reconocimiento. Y merecen que sus reivindicaciones sean escuchadas y atendidas.
En Ceuta sabemos especialmente bien lo que significa su trabajo. Esta ciudad vive cada día una realidad fronteriza que exige una presencia policial permanente, profesional y comprometida. Aquí conocemos el valor de los agentes que custodian nuestra seguridad, que intervienen ante situaciones de riesgo, que garantizan la convivencia y que acuden allí donde otros preferirían no estar. Ceuta no habría podido sobrevivir sin ellos ante la invasión migratoria provocada por Marruecos.
Por eso, desde Ceuta, queremos decirlo con toda claridad: estamos con ellos. Estamos con el policía que sale de servicio sin saber qué situación encontrará. Estamos con el guardia civil que afronta una jornada en una frontera especialmente compleja. Estamos con sus familias, que también soportan los efectos de una profesión exigente. Y estamos con quienes, después de décadas de servicio, consideran legítimo reclamar ser reconocidos como profesión de riesgo y unas condiciones de jubilación acordes con el trabajo realizado.
El Estado no puede pedir sacrificios ilimitados a quienes lo representan y después responder con silencio, dilaciones o mesas de negociación interminables. La jubilación digna de policías y guardias civiles no debería ser una cuestión electoral. Es una cuestión de justicia.
Las elecciones pasarán. Los Gobiernos pasarán. Los ministros pasarán. Pero permanecerá la obligación del Estado de reconocer a quienes durante años han garantizado que los demás podamos vivir con mayor seguridad. Por eso, ante este encierro, no corresponde mirar hacia otro lado. Corresponde escuchar. Y a quienes hoy reclaman dentro de la Secretaría de Estado de Seguridad solo cabe decirles una cosa… Gracias por protegernos. En Ceuta estamos con vosotros.