Promesas bajo presión
La llegada de Julián Cambero al IMSERSO de Ceuta suena, de entrada, a soplo de aire fresco. Comparecencia puntual, discurso claro y un mensaje que siempre gusta oír: voluntad y compromiso. Pero en política social —y más cuando hablamos de dependencia y discapacidad— las palabras bonitas duran poco si no vienen acompañadas de resultados palpables.
No todo es negativo, y hay que reconocerlo. Que Ceuta resuelva expedientes de dependencia en apenas 38 días, frente a los 250 de media nacional, no es cualquier cosa. Es, directamente, un ejemplo de que cuando las cosas se hacen bien, funcionan. El problema es que ese buen ritmo contrasta de forma casi dolorosa con el atasco monumental en discapacidad, donde más de 2.100 personas siguen esperando respuesta.
Cambero no ha esquivado el problema, y eso se agradece. Ha sido claro: los datos “no son nada buenos”. Y tiene razón. Porque cuando una administración pasa de estar en cabeza a perder posiciones, el golpe se nota más. El diagnóstico también parece claro: falta de personal, especialmente de un médico clave cuya ausencia ha dejado un vacío difícil de cubrir.
Ahora bien, el reto no está en identificar el problema, sino en solucionarlo. Prometer refuerzos “antes de verano” suena bien, pero en una ciudad como Ceuta, donde cada retraso impacta directamente en la calidad de vida de la gente, los plazos pesan. La incorporación de nuevos profesionales es un paso, sí, pero probablemente insuficiente si no se acelera de verdad la maquinaria administrativa.
Al final, todo se resume en una idea que el propio director dejó caer: un IMSERSO de calidad es calidad de vida. Y ahí está la clave. Porque detrás de cada expediente hay una persona esperando. Y esas personas no necesitan promesas bajo el agua, sino soluciones en la superficie, cuanto antes.