Recetar también es cuidar

EL PUEBLO
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24 mar 2026 - 03:00

Ceuta da un paso que, aunque pueda parecer técnico, tiene bastante de revolución silenciosa. Las enfermeras y enfermeros ya pueden indicar medicamentos en el ámbito privado, con las farmacias listas para validar esas órdenes. Traducido al lenguaje de la calle: se agiliza la atención, se evita marear al paciente y se reconoce, por fin, una competencia que llevaba tiempo pidiendo sitio.

No se trata de invadir terrenos ajenos ni de abrir guerras corporativas. Se trata de sentido común. Quien está a pie de cama, quien controla la evolución de una herida o ajusta el seguimiento de una diabetes, tiene criterio más que suficiente para indicar determinados tratamientos dentro de unas guías claras. Y esas guías existen, están reguladas y, además, limitan muy bien hasta dónde se puede llegar.

Eso sí, el sistema no es un “vale todo”. Hay protocolos, acreditaciones y hasta medidas antifraude dignas de un billete de alta seguridad. Desde códigos QR hasta hologramas, todo está pensado para que la dispensación sea segura y transparente. Porque avanzar en competencias no puede ir separado de garantizar la confianza del sistema.

También conviene no perder de vista el matiz: esto ocurre en el ámbito privado y dentro de un proyecto piloto. Es decir, estamos ante una prueba con lupa. Y como toda prueba, estará bajo la mirada crítica de otros colectivos sanitarios, especialmente tras decisiones como la paralización de la guía para infecciones urinarias. El equilibrio entre profesiones sigue siendo delicado.

Aun así, el movimiento merece una lectura positiva. Si funciona, ganan los pacientes, gana la eficiencia del sistema y gana una profesión que lleva años demostrando que no solo cuida, sino que también sabe decidir. Y en sanidad, decidir bien y a tiempo puede marcar toda la diferencia.

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