Respetar y que nos respeten
En este país hemos avanzado demasiado en derechos y libertades como para que un solo español tenga ahora que salir a la calle con miedo. Ceuta es una ciudad lo suficientemente española y europea como para que una ceutí tenga que prescindir de usar minifalda por temor a las miradas abusivas e irrespetuosas de los hombres. Lo suficientemente europea como para que las parejas gays y lesbianas se vean forzadas a posponer sus paseos agarradas de la mano como cualquier otra pareja por miedo a reacciones indebidas. Desde hace 52 días, los caballas convivimos con más de 10.000 personas migrantes (marroquíes en su mayoría) que han entrado de manera irregular huyendo de la desesperación. Queremos que se marchen porque, de lo contrario, Marruecos ganaría la invasión velada por el uso de sus ciudadanos como armas de guerra. Aún así, respetamos a todos aquellos que aún deambulan por nuestras calles generando un clima de inseguridad y anormalidad sin precedentes. Porque son humanos, son personas. Sin embargo, no pensamos tolerar que nuestras costumbres no se respeten.
Los ceutíes no van a ceder ni un palmo en sus derechos. Igual que los españoles no están dispuestos a conceder ni un kilómetro de su soberanía (por mucho que al Gobierno le traiga sin cuidado). Las personas con una orientación sexual o identidad de género diferentes a lo normativo han dado la cara. Han decidido no seguir callando y confesar (algunos con nombre y apellido, otros desde el anonimato) que se sienten incómodas cuando pasean por su ciudad desde que está repleta de personas procedentes de un país intolerante con la homosexualidad.
Que un hombre o una mujer decida no darle un beso a su pareja en su propia tierra para evitar miradas incómodas o insultos por parte de gente a la que su país está acogiendo sin pedir nada a cambio es algo intolerable. No vamos a dejar que pase desapercibido. Las personas del colectivo LGTBIQ+ caballa tienen que volver a sentirse seguras en la calle. Al igual que cualquier otro ceutí. Solo que sobre ellos se cierne un peligro añadido.
Que ser gay, lesbiana o trans en Marruecos sea motivo suficiente para la concesión del asilo no es caprichoso. Se debe a que en el país vecino, amar diferente, sentir diferente, se persigue, se reprime y se castiga.
No. En Ceuta no vamos a permitir que la elección del atuendo se convierta en un problema para nuestras mujeres. Que nuestros hombres no puedan regresar a su casa de madrugada en moto por si los asaltan. Que nuestros niños no puedan ir al parque ni llegar al cole sin ver a militares en cada esquina. Ni, por supuesto, que los caballas LGTBIQ+ se repriman en la intimidad de sus hogares por el miedo a lo que hay en sus calles. Las suyas, las de todos los ceutíes, españoles y europeos.
Europa se ha forjado de la sangre, el hierro y el supremacismo durante siglos. Ha evolucionado hasta ser un ejemplo de civilizaciones. Con sus defectos y sus virtudes. La tierra del Estado de Derecho, del acceso gratuito e igualitario a lo más básico. La de la cultura, la de los valores. Valores que nos llevan a sufrir una invasión de más de 80.000 personas y permitir que quienes han querido se queden. Concediéndoles el derecho a pedir asilo, y a que se lo concedan si lo merecen.
Nosotros respetamos, pero eso sí, a cambio, y de manera innegociable, exigimos respeto. Cuiden nuestras calles, cuiden lo que les regalamos, y dejen vivir en paz y libremente a nuestra gente.
Respetar, pero que nos respeten.