“Yo también me siento caballa"
Algunos asuntos no deberían tener partido. Ceuta es uno de ellos. Lo hemos defendido siempre y lo seguiremos haciendo. La defensa de esta ciudad, de su españolidad, de su seguridad y de la tranquilidad de sus ciudadanos no puede depender de quién gobierne en La Moncloa ni de qué siglas ocupen la oposición. Ceuta no es de derechas ni de izquierdas. Ceuta es España. Y eso debería bastar.
Precisamente por eso estamos siendo duros. Muy duros. Con el presidente del Gobierno y con aquellos ministros a los que hemos considerado muy alejados de la realidad que vive esta ciudad. No lo hemos hecho por interés partidista ni para hacerle el juego a nadie. Lo hemos hecho porque creemos que Ceuta merece que se le hable claro y que el Estado esté a la altura cuando sus ciudadanos sienten incertidumbre, preocupación o miedo.
Y por eso también creemos que hay que reconocer cuando alguien, desde el Gobierno, entiende que Ceuta necesita algo más que argumentarios, relatos, mentiras y discursos de ocasión. Margarita Robles lo volvió a hacer este miércoles. En el Congreso, la ministra de Defensa habló de los ceutíes como ciudadanos que llevan semanas viviendo con preocupación y, en algunos casos, con miedo. Habló de los militares que están aquí. Defendió que Ceuta y Melilla son España y frontera europea. Reivindicó el trabajo de las Fuerzas Armadas y recordó que miles de militares están desplegados en la ciudad. Y, sobre todo, utilizó un lenguaje que en estos momentos tiene un valor que no debería despreciarse: habló desde la cercanía.
No es cuestión de convertir a una ministra socialista en una heroína ni de regalarle una absolución política por aquello que haga bien. No. Es mucho más sencillo. Es justo reconocerlo.
Porque cuando un responsable público entiende que detrás de una crisis hay personas, cuando escucha el miedo de una ciudad y cuando no esquiva la realidad, merece que se diga. Y cuando además pronuncia una frase como la que pronunció ayer en el Congreso —“yo también me siento caballa”—, resulta difícil no detenerse en ella.
No porque una frase resuelva una crisis. No porque una declaración sustituya a las decisiones que corresponden al Gobierno. Y tampoco porque las palabras deban servir para ocultar aquello que haya que exigir o reprochar.
Sino porque, en ocasiones, las palabras también importan. Mucho.
Ceuta lleva demasiado tiempo pidiendo algo tan elemental como sentirse acompañada. No utilizada como escenario político. No convertida en argumento contra el adversario. No reducida a un problema migratorio. No contemplada desde Madrid como una casilla más del mapa. Acompañada. Y en ese terreno, Robles ha sabido transmitir algo que otros miembros del Gobierno no han sabido —o no han querido— transmitir con la misma claridad. Eso también debe decirse.
Nuestra crítica al Gobierno no cambia. Nuestra exigencia tampoco. Seguiremos reclamando responsabilidades, respuestas y decisiones porque entendamos que son necesarias. ¡Expulsiones ya! Pero precisamente porque no hacemos política, tampoco vamos a caer en el error contrario: negar un acierto simplemente porque quien lo protagoniza pertenezca a un Gobierno hasta ahora inútil e incluso hostil con Ceuta.
Defender a Ceuta significa reconocer lo que está bien y denunciar lo que está mal, venga de donde venga. Y hoy toca reconocer. Margarita Robles ha demostrado una sensibilidad especial hacia esta ciudad. Ha venido. Ha escuchado. Ha hablado con los ceutíes. Ha defendido públicamente la españolidad de Ceuta. Y lo ha hecho desde el corazón. Además, desde la tribuna del Congreso, quiso dejar una frase que en Ceuta no puede pasar desapercibida. “Yo también me siento caballa”. Gracias, ministra.