Sira Rego: fracaso, efecto llamada y división social en Ceuta
La visita realizada este jueves a Ceuta por la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, lejos de aportar soluciones efectivas a la insostenible presión migratoria que padece nuestra ciudad, ha evidenciado una absoluta incapacidad de gestión, un preocupante desprecio por el futuro fronterizo de Ceuta y un irresponsable intento de fracturar la cohesión social de los ceutíes.
Tras dos meses de parálisis institucional, la presencia de la ministra se ha traducido en propaganda, consignas vacías y una falta de altura de Estado que exige una respuesta contundente: Sira Rego debe dimitir de forma inmediata.
En primer lugar, la imagen de la pista deportiva de la barriada del Príncipe, atestada con cientos de niños y adolescentes agolpados para ser filiados, pasará a la historia local como el retrato vivo del colapso y del fracaso de este Ministerio. Que hayan tenido que transcurrir más de 60 días con estos menores pernoctando o vagando por las calles para que la ministra ordene finalmente su filiación no es solo una negligencia administrativa grave; es una muestra insoportable de indolencia. Gestores que necesitan dos meses de caos urbano e institucional para reaccionar ante una crisis humanitaria no están capacitados para seguir al frente de sus responsabilidades.
En segundo lugar, resulta alarmante el diagnóstico de la ministra cuando reduce la “solidaridad con Ceuta” al mero reparto y trasvase de menores hacia la península. Esta visión parchea un problema inmediato a costa de comprometer gravemente el futuro de nuestra ciudad y del conjunto de España. La única solución real y sostenible no pasa por institucionalizar el tráfico de fronteras, sino por el retorno de quienes entraron de forma irregular los pasados 30 y 31 de julio. En eso tendría que haberse volcado la ministra.
La política migratoria no puede reducirse a decidir quién se queda en Ceuta y quién es trasladado a la península. Hace falta una estrategia que impida que situaciones extraordinarias como la vivida por nuestra ciudad vuelvan a repetirse.
En el caso de los menores, la prioridad absoluta debe ser la reagrupación familiar en Marruecos o la asunción de responsabilidades por parte de su país de origen, bajo la supervisión directa de las instituciones europeas. Enviar a las mafias y a las redes sociales el mensaje de que vulnerar la frontera española se premia con un billete de traslado a la península y al resto de Europa es lanzar un efecto llamada devastador que invita a futuras e incontrolables avalanchas. Un Gobierno responsable debe preguntarse qué mensaje transmite cada decisión y qué consecuencias puede producir a medio y largo plazo.
Si la percepción que se consolida es que la llegada irregular permite acceder rápidamente a determinados recursos o facilita el traslado desde Ceuta hacia otros puntos de España, existe al menos una cuestión política evidente que debe ser evaluada: cómo garantizar que estas medidas no terminen alimentando nuevas dinámicas de entrada irregular. ¿Cuántos intentarán entrar la próxima vez? ¿Serán otros 90.000 marroquíes o superarán los 200.000?
Por último, sus palabras afirmando que visitaba la periferia porque “hay una Ceuta que debe ser contada más a menudo, la de las familias que sostienen la solidaridad y a las que a veces no llegan los recursos”, constituyen una provocación intolerable. Intentar segmentar a nuestra población entre una Ceuta insolidaria y otra solidaria, o insinuar un reparto discriminatorio de recursos, es un ejercicio de política ruin que atenta directamente contra la convivencia en una ciudad única e indivisible. Que una ministra de España acuda a nuestro territorio a sembrar la discordia y a dividir a los ceutíes por puro cálculo partidista es un acto de una irresponsabilidad suprema.
Ceuta no necesita que desde Madrid se construyan relatos enfrentados sobre quién es solidario y quién no lo es. Los ceutíes conocen perfectamente la realidad de su ciudad. Saben que la convivencia es uno de sus principales valores y que cualquier política pública debe contribuir a protegerla, no a introducir nuevas fracturas. La solidaridad no pertenece a una ideología, a un barrio ni a una comunidad concreta. Tampoco puede utilizarse como arma arrojadiza para señalar a quienes discrepan de una determinada política migratoria.
Ceuta lleva dos meses sufriendo sola el peso de una crisis sin precedentes. No necesitamos ministros que vengan a hacerse fotos, a alimentar el efecto llamada y a fracturar a nuestra sociedad. Por dignidad, por responsabilidad institucional y por el futuro de nuestra ciudad, dimita señora Rego.