Soluciones inmediatas

EL PUEBLO
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18 ago 2026 - 03:02

Ceuta necesita que todos los días alguien siga poniendo voz a lo que siente. Juan Vivas lo hizo de nuevo ayer con una contundencia que no puede pasar desapercibida. Cuando el presidente de una ciudad que siempre ha defendido la lealtad institucional, la colaboración con el Gobierno de España y el entendimiento incluso en las circunstancias más difíciles afirma que la situación ha llegado a un límite, sus palabras no pueden despacharse como una disputa política más.

Vivas tiene, además, una autoridad política y moral construida durante años. Ha defendido la cooperación con el Gobierno de Pedro Sánchez incluso cuando hacerlo le ha generado incomprensión dentro de su propio partido. Ha antepuesto en numerosas ocasiones los intereses de Ceuta a la disciplina partidista y ha evitado convertir cada discrepancia con Madrid en una batalla política. Precisamente por eso, cuando en esta ocasión eleva el tono y reclama una respuesta inmediata, lo sensato sería que el Gobierno escuchara y entendiera que detrás de sus palabras hay algo mucho más profundo: el hartazgo de una ciudad.

Pero Ceuta también necesita ahora la voz de su delegado del Gobierno. La necesita porque Miguel Ángel Pérez Triano es ceutí y sabemos que está sufriendo esta situación como el que más. Sabemos también que lleva días trabajando, muchas veces en silencio, tratando de gestionar una crisis extraordinariamente complicada con un Gobierno de España que, hasta ahora, no ha estado a la altura de las circunstancias. Pero ha llegado el momento de que ese trabajo silencioso dé paso también a una posición pública y firme. Y ha llegado el momento de que que Triano dé un paso al frente, aunque eso conlleve su cese o dimisión.

Porque esto ya no va de PP ni de PSOE. No va de Vivas ni de Sánchez. Va de Ceuta y de los ceutíes. Va de una ciudad que lleva demasiado tiempo soportando una presión extraordinaria y que ve que el Estado no está respondiendo con la rapidez, la contundencia y los medios que una situación de esta gravedad exige. La ciudadanía está cansada de anuncios, de explicaciones y de compromisos que después tardan demasiado en convertirse en soluciones.

En este sentido, las declaraciones de la ministra de Sanidad han resultado especialmente desafortunadas. Mónica García ha elegido una situación extraordinariamente delicada para entrar en una discusión sobre responsabilidades y para negar una realidad que los ceutíes perciben directamente. No es una cuestión de estadísticas ni de interpretaciones políticas: cuando los servicios públicos están sometidos a una presión excepcional, cuando los profesionales tienen que afrontar una situación que supera la normalidad y cuando la ciudad reclama ayuda, lo último que necesita Ceuta es que desde Madrid se le diga que el problema no es exactamente como ella lo está viviendo.

Ceuta tampoco necesita que ningún ministro venga a explicarle lo que significa la solidaridad. Esta ciudad ha demostrado sobradamente su capacidad de acogida y su compromiso con quienes llegan en situaciones de enorme vulnerabilidad. Lo han demostrado sus profesionales sanitarios, sus trabajadores públicos, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, las organizaciones sociales y miles de ciudadanos anónimos. Nadie puede poner en duda la humanidad de Ceuta ni utilizarla como argumento para exigirle que soporte indefinidamente una situación que excede sus capacidades.

Más que entrar en una batalla personal con una ministra cuyas palabras han indignado a muchos ceutíes, debemos centrar nuestra atención en lo verdaderamente importante. No merece la pena regalarle a nadie el protagonismo que corresponde a Ceuta. Nuestra preocupación no es Mónica García. Nuestra preocupación son los ceutíes y la respuesta que el Estado debe darles.

Por ello, la voz de Vivas es hoy la voz de una ciudad. Y en ese punto las palabras de Juan Vivas adquieren toda su dimensión. El presidente no está hablando solamente en nombre de una institución. Está poniendo voz a un sentimiento que ha ido creciendo en la calle y que hoy es difícil ignorar: Ceuta está cansada de esperar. Está cansada de que se le pida paciencia cuando la situación aprieta. Está cansada de que cada día se convierta en una sucesión de reuniones y anuncios. Está cansada de que Madrid hable de Ceuta con grandes palabras mientras los problemas concretos siguen esperando una solución. Y está cansada, sobre todo, de sentir que el Estado está tardando demasiado en reaccionar.

Por eso el ultimátum planteado por Vivas no debería interpretarse como una amenaza política, sino como una llamada de atención institucional de la máxima gravedad. Cuando un presidente autonómico que ha hecho de la lealtad institucional una de sus principales señas de identidad considera que ya no puede seguir esperando, el Gobierno de España debería preguntarse qué ha ocurrido para llegar hasta aquí.

Ahora hacen falta hechos. El anuncio realizado este lunes por la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, con la habilitación de nuevas plazas y dispositivos para aliviar la presión sobre Ceuta, debe ser recibido con prudencia, pero también con esperanza. Si esas medidas sirven para empezar a desbloquear la situación, bienvenidas sean. Ceuta no quiere confrontación por la confrontación. Quiere soluciones… pero ya.

Precisamente por eso este anuncio debe marcar un punto de inflexión. No puede convertirse en otro parche temporal ni en otra fotografía institucional. La situación exige una respuesta integral, sostenida y con capacidad suficiente para devolver la normalidad a la ciudad. Ceuta necesita saber que el Gobierno ha comprendido definitivamente la dimensión del problema y que está dispuesto a asumir las responsabilidades que le corresponden. Necesita recursos, coordinación, seguridad, atención a los menores, refuerzo de los servicios públicos y una política migratoria que no convierta a Ceuta en el lugar donde terminan acumulándose todos los problemas.

Porque, lamentablemente, la confianza de los ceutíes está rota. Y esa confianza no se recuperará con discursos ni con declaraciones tranquilizadoras. Se recuperará únicamente con hechos. Por eso el Gobierno tiene ahora una oportunidad. Puede convertir el anuncio de ayer en el comienzo de una nueva etapa o puede dejar que se convierta en otro episodio más de una crisis que lleva demasiado tiempo enquistada. La diferencia estará en lo que ocurra a partir de ahora.

Ceuta ha sido leal. Ha sido solidaria. Ha sido paciente. Y ha demostrado en demasiadas ocasiones que sabe estar a la altura cuando España la necesita. Ahora es España la que tiene que estar a la altura cuando Ceuta la necesita. Juan Vivas ha hablado con la contundencia que exigía el momento. Su voz representa en este asunto el sentimiento de una parte muy importante de la ciudad. Y junto a esa voz debe escucharse también la del delegado del Gobierno. Triano tiene una responsabilidad institucional, pero también tiene algo más: es un ceutí que conoce perfectamente esta tierra y sabe lo que está viviendo su gente. Por eso muchos ceutíes esperan que dé ese paso al frente públicamente. Su mensaje debería ser inequívoco y llegar hasta La Moncloa: Ceuta ha dicho basta. Ya no pide más paciencia. Exige soluciones inmediatas.

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