El Tarajal sigue esperando
Hay algo que resulta difícil de entender en Ceuta: que llevemos tantos años hablando del espigón del Tarajal y sigamos exactamente igual. Cada vez que aumenta la presión migratoria volvemos a mirar hacia el mismo sitio, hablamos de lo peligroso que es, de lo fácil que resulta bordearlo por el mar y de la necesidad de reforzarlo. Después pasan los días, baja la presión y, como tantas otras veces, parece que también baja la preocupación.
Y mientras tanto, hay personas que se tiran al agua y se juegan la vida para llegar a Ceuta. Eso es lo primero que no deberíamos olvidar. Podemos hablar de fronteras, de leyes, de sentencias y de seguridad, pero detrás de cada entrada hay una persona que se ha metido en el mar porque considera que merece la pena arriesgarlo todo para alcanzar la otra orilla. Y también hay guardias civiles que tienen que meterse en ese mismo agua para intentar evitar que alguien muera. Esa parte de la historia tampoco debería perderse entre los titulares.
Lo más curioso es que nadie puede decir que esto nos haya pillado por sorpresa. Después de la tragedia de 2014 ya se habló de ampliar el espigón. Se plantearon proyectos, se estudiaron soluciones y hasta se llegó a calcular cuánto podía costar aquella actuación. No se hizo. Años después, en 2021, volvimos a ver lo mismo. Y en 2024 los propios agentes de la Guardia Civil volvieron a reclamar que se actuara. Ahora estamos otra vez hablando del Tarajal.
Y aquí no vale echarle toda la culpa al de enfrente. El PP tuvo su oportunidad y no lo hizo. El PSOE también ha tenido tiempo suficiente y tampoco ha resuelto el problema. Han cambiado los gobiernos, los ministros y los delegados, pero el espigón sigue ahí, igual de corto y con las mismas carencias. Quizá ya va siendo hora de reconocer que esto no es un problema de PP o PSOE, sino de una falta de decisión que Ceuta lleva pagando demasiado tiempo.
La sentencia del Supremo ha vuelto a poner el asunto encima de la mesa. Y puede que haya quien prefiera quedarse únicamente con la discusión jurídica. Pero en Ceuta sabemos que el problema es mucho más sencillo: si la frontera marítima tiene un punto débil, alguien terminará intentando aprovecharlo. Y si además ese punto obliga a muchas personas a meterse mar adentro para bordearlo, el riesgo de que algún día tengamos que lamentar una nueva tragedia está ahí.
No hace falta esperar a que ocurra. Hay estudios, propuestas y hasta proyectos elaborados desde el ámbito militar que plantean cómo mejorar el espigón. Habrá que estudiar qué es viable, cuánto cuesta, qué impacto tiene y qué permite la ley. Naturalmente. Pero lo que no podemos seguir haciendo es guardar los informes en un cajón y sacar el problema cada vez que vuelve una avalancha. El Tarajal lleva demasiado tiempo esperando. Y Ceuta también.