Unidad y españolidad
Hablar de Ceuta y de su españolidad no debería ser un debate abstracto ni un juego político. Esta ciudad, única en su geografía y en su historia, necesita que se reconozca su pertenencia a España con firmeza y claridad, sin matices que generen dudas. Defender su identidad no es un gesto de orgullo vacío: es una garantía de estabilidad y confianza para quienes viven, trabajan e invierten aquí.
No basta con repetir que Ceuta es España; hay que demostrarlo en hechos. Igualdad real en derechos, servicios públicos sólidos, economía estable, fronteras seguras y un régimen fiscal que funcione son la base para que la ciudad pueda crecer con normalidad y sin temores.
La españolidad se afirma no solo con palabras, sino con políticas coherentes que respalden cada rincón de la ciudad.
Además, la unidad de los ceutíes es clave. Frente a los desafíos geopolíticos, las dudas externas y los episodios que podrían poner en riesgo la convivencia o la confianza, hablar con una sola voz es esencial. No se trata de eliminar la diversidad, sino de combinarla con un compromiso común: garantizar que Ceuta siga siendo plenamente española, con todos sus matices culturales y sociales respetados.
La confianza en Ceuta depende de que sus ciudadanos sepan que la protección de su identidad y de su futuro no depende de quién esté al mando en un despacho, sino de un marco institucional sólido y leal. Ese respaldo estatal es lo que da seguridad, tranquilidad y oportunidades a quienes eligen vivir aquí y apostar por la ciudad.
Al final, afirmar la españolidad de Ceuta y exigir políticas que la sostengan es una cuestión de sentido común y de responsabilidad. No es un debate político estéril: es la manera de asegurar que la ciudad siga siendo un lugar seguro, próspero y orgullosamente español para todos.