La violencia no puede normalizarse
La agresión sufrida por un taxista en plena parada de la Gran Vía vuelve a poner sobre la mesa una preocupación que no debe relativizarse: la creciente sensación de inseguridad en espacios públicos y la necesidad de una respuesta firme frente a cualquier forma de violencia.
Que dos personas recurran a la agresión física —llegando incluso a emplear un arma blanca, aunque sea de carácter leve— contra un trabajador que simplemente estaba desempeñando su labor es un hecho grave, independientemente de que las lesiones hayan sido calificadas como leves por los servicios sanitarios. La violencia, aunque no deje secuelas permanentes, tiene un impacto profundo en la convivencia y en la percepción de seguridad de la ciudadanía.
La resolución judicial, con una condena por delito leve de lesiones y la correspondiente sanción económica e indemnización a la víctima, pone fin al procedimiento desde el punto de vista legal. Sin embargo, cabe preguntarse si este tipo de respuestas son suficientes para disuadir conductas que alteran gravemente el orden público y generan alarma social. La rapidez del juicio es positiva, pero no debe confundirse agilidad con sensación de impunidad.
Especial mención merece la actuación de los compañeros del gremio del taxi y de los agentes policiales, cuya intervención evitó que el incidente tuviera consecuencias más graves. Su reacción demuestra la importancia de la colaboración ciudadana y de una presencia policial efectiva en zonas sensibles de la ciudad.
Ceuta no puede permitirse normalizar episodios de violencia en lugares emblemáticos ni contra profesionales que prestan un servicio esencial. La convivencia se construye desde el respeto a la ley, al trabajo ajeno y a la autoridad. Cualquier agresión es una línea roja que no debe cruzarse, y su reproche ha de ser claro, social y jurídicamente.
La seguridad ciudadana no es solo una cuestión de estadísticas o sentencias, sino de confianza. Y esa confianza se resiente cada vez que un trabajador teme por su integridad en el ejercicio de su profesión.