Cuando todo vuelve
Se acabó, casi sin darnos cuenta. La Semana Santa se despide dejando ese sabor agridulce que solo entienden quienes la viven de verdad. Pero qué semana hemos tenido en Ceuta. Hacía años que no se veía algo así: calles llenas, silencio respetuoso en los momentos clave, aplausos que nacían solos y una emoción constante que parecía recorrer cada rincón de la ciudad.
Las hermandades han vuelto a hacer lo que mejor saben: estación de penitencia con elegancia, fe y una entrega que no se improvisa. No es solo sacar pasos a la calle; es una forma de expresarse, de hacer protestación pública de la fe, de mantener viva una tradición que pasa de generación en generación. Y este año, por fin, el cielo ha acompañado, permitiendo que cada cofradía pudiera cumplir con su recorrido sin ese temor constante a la lluvia que, en los últimos años, había aguado más de un momento esperado.
Porque conviene recordarlo: nada de lo que hemos visto ocurre por casualidad. Detrás hay un trabajo enorme, muchas veces invisible. Ensayos, organización, desvelos, decisiones difíciles… Desde los costaleros hasta los músicos, pasando por las juntas de gobierno, todos empujan en la misma dirección. Y a eso se suma la labor imprescindible del Consejo de Hermandades y el apoyo de la ciudad, que se vuelcan para que todo salga adelante y la Semana Santa luzca como merece.
El ambiente en las calles ha sido, sencillamente, de los que hacen afición. Familias enteras siguiendo los pasos, jóvenes implicados, mayores emocionados… Ese sentimiento cofrade que en Ceuta no se explica con palabras, se vive. Se ha notado en cada mirada, en cada silencio respetuoso, en cada marcha que arrancaba aplausos o lágrimas. Ha sido una Semana Santa de reencuentro, de ganas acumuladas y de orgullo compartido.
Ahora sí, toca recogerlo todo: guardar túnicas, desmontar pasos y volver poco a poco a la rutina. Pero lo que queda es mucho más importante. Queda el recuerdo de una Semana Santa plena, de esas que marcan, de las que se comentan durante meses. Y, sobre todo, queda la certeza de que, cuando Ceuta se vuelca, es capaz de vivir su Semana Santa como lo que es: una parte esencial de su alma.