A mi abuelo Juan
COLABORACIÓN
Mi abuelo Juan cumple 97 años. Y no es una cifra lo que celebramos, sino una vida entera. Una biografía construida a base de decisiones firmes, de constancia silenciosa y de un amor sostenido en el tiempo. Porque mi abuelo no es solo un hombre que ha vivido muchos años, sino alguien que ha sabido llenarlos de sentido, paso a paso, sin alardes y dejando huella.
Nació en Vilches, donde pasó apenas los primeros cuatro años de su vida, los suficientes para que el origen se quedara grabado como una raíz profunda. Después llegó Linares, el lugar donde creció y donde empezó a definirse su carácter. Desde niño destacó como un gran estudiante: las matemáticas se le daban con una facilidad natural, el dibujo era para él una forma de expresión y la historia encontraba en él a un aliado excepcional gracias a una memoria prodigiosa que, aún hoy, sigue sorprendiendo a quienes tenemos la suerte de escucharlo.
La vida le ofreció distintos caminos. Pudo seguir estudiando, pudo dedicarse a otros oficios alejados del uniforme. Pero a los 18 años, cuando muchos aún dudan, mi abuelo ya lo tenía claro. Por vocación, por una convicción profunda y honesta, decidió prepararse para ingresar en el ejército. No fue una elección por descarte, sino una llamada interior que marcaría el rumbo de toda su vida.
Con tan solo 20 años ya era Cabo Primero de la Legión en Castillejos. Fue allí donde conoció a Conchi, mi abuela, que vivía cerca del cuartel. Desde el primer encuentro se reconocieron. Se fijaron el uno en el otro con una certeza limpia, de esas que no necesitan explicaciones ni promesas. Poco después comenzaron a ser novios, no sin antes que mi abuelo pidiera permiso al Señor Pedro, el abuelo de mi abuela, como se hacía entonces: con respeto, con palabra y con honor. Tres palabras que lo definen a la perfección.
En aquel tiempo descubrió, quizá sin saberlo del todo, que estaba sintiendo el amor por primera vez.
El 5 de julio de 1953 se casaron en la Iglesia de África, en Ceuta. Mi abuelo siempre recuerda la belleza de mi abuela, una belleza serena y profunda, la de una mujer que da vida. Y la vida fue llegando, una tras otra. Primero una hija, después otra, hasta un total de doce hijos. Diez viven hoy, y dos —Rosario y Carolina— permanecen para siempre en la memoria y en el corazón.
Él dice que esa es su herencia, su gran familia, su saga Cuadra, su mayor orgullo y su alegría más verdadera: una vida plena hecha de todas sus alegrías y también de sus penas, porque no todo es un camino de rosas… y porque, al fin y al cabo, ¿quién no ha tenido alguna dificultad en el camino?
Durante 47 años sirvió en el ejército, desde los 18 hasta los 65, jubilándose como Teniente Coronel de la Legión. Él mismo reconoce que fue la etapa más plena de su vida. Y no solo por la vocación cumplida, sino porque en esos años construyó lo esencial: se casó, amó, trabajó y
levantó una familia inmensa. Una familia que hoy continúa creciendo y que está formada por 15 nietos y 11 bisnietos, como un árbol frondoso cuyas ramas siguen extendiéndose, sostenidas por unas raíces firmes.
A sus 97 años, mi abuelo sigue soñando con un mundo más justo y solidario. Y toda la familia sentimos un orgullo inmenso por el padre, abuelo y bisabuelo que tenemos.
Que la vida te conserve esa vitalidad, esa lucidez y esas ganas intactas de seguir compartiendo tus grandes anécdotas, que son lecciones, memoria y hogar. Y que sigas acompañándome, como haces, a la puerta del colegio alguna que otra mañana, regalándome ese momento sencillo y eterno que tanto significa para mí.