Cuando agreden a uno, nos agreden a todos

OPINIÓN

Momento de la discusión.
Momento de la discusión. | EL PUEBLO

Desde la dirección de El Pueblo de Ceuta queremos comenzar estas líneas dando las gracias. Gracias a todos los medios de comunicación de Ceuta, a los compañeros de profesión, a los medios nacionales que se han hecho eco de lo ocurrido y, especialmente, a tantos ciudadanos que durante estas últimas horas han querido trasladar su cariño, su apoyo y su solidaridad a nuestro compañero Aiub.

En momentos como este es cuando uno comprende de verdad el valor que tiene la palabra “compañero”. Hemos recibido llamadas, mensajes, muestras públicas de apoyo y gestos de afecto que nos han reconfortado y que, sobre todo, han hecho sentir a Aiub que no está solo. A todos, absolutamente a todos, gracias.

Aiub no hizo otra cosa que trabajar. Estaba allí, como el resto de periodistas, intentando contar lo que estaba sucediendo. No estaba representando una ideología, una religión ni una nacionalidad. Estaba representando algo mucho más sencillo y mucho más importante: el ejercicio de una profesión que consiste en informar. Y fue precisamente por aquello que alguien creyó que podía señalarlo, increparlo, decirle que se marchara “a su país” y acabar tirando al suelo el equipo con el que estaba trabajando.

Por eso creemos que esta cuestión trasciende a El Pueblo de Ceuta y a nuestro compañero. Cuando se agrede a un periodista por ser quien es, por su religión, por su aspecto o por el origen que alguien, equivocadamente, quiera atribuirle, no se está atacando únicamente a una persona. Se está atacando a la libertad de prensa. Y cuando se ataca a la libertad de prensa, todos los que formamos parte de esta profesión deberíamos sentirnos concernidos.

Quizá no todos entiendan esto de la misma manera. Hay quienes parecen considerar que la profesión periodística se reduce a competir por una exclusiva, a llegar antes que el de al lado o a convertir la legítima rivalidad profesional en una cuestión que está por encima de cualquier otra consideración. Competir es sano. La competencia forma parte de nuestro oficio y nos obliga a ser mejores. Pero hay líneas que, cuando se cruzan, hacen que la competencia deje de ser periodística para convertirse simplemente en otra cosa.

Porque hoy ha sido Aiub. Mañana puede ser cualquier otro periodista, independientemente del medio en el que trabaje. Y cuando llegue ese momento, probablemente todos querremos que los demás estén ahí.

Por eso agradecemos todavía más a quienes sí han entendido que hay cuestiones que están por encima de una primicia, de una exclusiva, de una portada o de cualquier rivalidad entre medios. La defensa de un compañero agredido es una de ellas. La defensa de la libertad de prensa es, sencillamente, una obligación.

A quienes han estado con Aiub y con El Pueblo de Ceuta, gracias. A quienes han levantado la voz, gracias. A quienes han llamado, escrito o simplemente han tenido un gesto de cariño con nuestro compañero, gracias.

Y a quienes, por la razón que sea, han preferido mirar hacia otro lado, también les corresponde decidir qué lugar quieren ocupar cuando las circunstancias vuelvan a poner a prueba aquello que todos decimos defender.

Nosotros lo tenemos claro: cuando agreden a un periodista, no importa el medio al que pertenezca. Nos agreden a todos.

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