Carta de despedida a mi gata Hermion, y de agradecimiento a quienes lucharon por salvarla
Carta al Director
Antes de despedirme de ella, necesito dar las gracias. Quiero agradecer de todo corazón a la Clínica Veterinaria Fauna, especialmente a Miguel Ángel y a María del Mar, por su labor incondicional, por su paciencia, por su comprensión y por el cariño con el que nos acompañaron en los momentos más difíciles.
También quiero agradecer al veterinario de urgencias de Punta Sur, David, por la rapidez con la que nos abrió las puertas, por la atención inmediata que nos prestó, y por la claridad y la sinceridad con la que nos explicó la situación desde el primer momento.
Ahora sí... toca despedirme de ti.
Te has ido demasiado pronto, con solo cuatro años recién cumplidos. Has estado siempre a mi lado, en los momentos buenos y, sobre todo, en los malos. Cuando mi vida cambió por completo, tú estuviste ahí sin pedir nada a cambio, acompañándome con ese amor puro que solo un animal sabe dar.
Solo puedo darte las gracias por haber entrado en mi vida aquel octubre de 2022. Llegaste siendo apenas un bebé, dentro de un pequeño transportín, y desde el mismo instante en que cruzaste la puerta de casa hiciste magia. Nunca imaginé que un ser tan pequeño pudiera llenar tanto un hogar y un corazón.
Sin embargo, y precisamente por ello, hoy también necesito expresar mi rabia y mi impotencia. No solo por haberte perdido, sino por haber tenido que cruzar el Estrecho, hacer un viaje en barco de una hora, simplemente para poder darte un adiós digno.
Y no hablo solo de ti.
Somos muchas las personas de Ceuta que nos vemos obligadas a pasar por ese mismo dolor porque en nuestra ciudad no existe una alternativa para despedir como se merece a quienes han sido parte de nuestra familia. Mientras tanto, el Gobierno de Ceuta mira hacia otro lado y sigue tratando a nuestros animales como si fueran simples desechos, como si fueran un trozo de carne sin sentimientos, cuando para nosotros son hijos, compañeros de vida y miembros de nuestra familia.
Hoy siento que te has llevado una parte de mí contigo. El vacío que dejas es imposible de explicar con palabras. Solo espero haber sido la mamá gatuna que merecías. Te di todo el amor que supe darte, y tú me devolviste mucho más del que jamás imaginé recibir.
Descansa, mi bebesita.
Gracias por cada ronroneo, por cada mirada, por cada noche a mi lado y por enseñarme que el amor más sincero, muchas veces, tiene cuatro patas. Nunca dejarás de formar parte de mi vida. Siempre vivirás en mi Escritura.
Y también, cómo no, quiero dar las gracias, con toda la ironía que permite un momento como este, al Gobierno de Ceuta. Gracias por obligarnos a recorrer un trayecto en barco de una hora cuando nuestras mascotas necesitan atención especializada o, como en mi caso, cuando están agonizando y solo queremos darles el final digno que merecen.
Porque no fui la única. Somos muchas las familias ceutíes que, además del dolor de perder a un miembro de nuestra familia, tenemos que sumar el sufrimiento de embarcarnos rumbo a la península para intentar salvarles la vida o, simplemente, para poder despedirnos de ellos con la dignidad que merecen.
Nuestros animales no son residuos, no son un número ni un trozo de carne sin valor. Son familia. Y ninguna familia debería verse obligada a vivir este calvario por la falta de recursos y de compromiso hacia el bienestar animal en Ceuta.