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Invasión de Ceuta
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No sé quién eres. Eso es lo primero que hay que decir, porque tú tampoco lo sabes de mí, más allá de una foto que has sacado de donde no debías y de dos palabras, fascista y violento, que has pegado a mi nombre sin haberme leído, sin haberme preguntado, sin haber comprobado nada. Y aun así, no te escribo con rabia. Te escribo porque creo que todavía es posible hablarle a la persona que hay detrás del perfil falso, aunque sea difícil creer que la hay.
La empatía empieza por algo muy sencillo: ponerse en el lugar del otro antes de señalarlo. A mí me cuesta reconocer en las acusaciones que recibo a la persona que escribe estos artículos. Llevo tiempo pidiendo calma, pidiendo que no haya violencia, pidiendo que Ceuta no se rompa por dentro mientras se juega su futuro fuera. Nada de eso es fascismo. Nada de eso es violencia. Es, si acaso, lo contrario: es intentar que ninguna de las dos cosas gane terreno en una ciudad que ya tiene bastante con lo que tiene.
Lo que se esconde detrás del anonimato
Sois pocos, y lo sabéis. Un puñado de perfiles sin foto real, sin nombre real, que se dedican a levantar crispación con datos que no resisten una comprobación mínima. Y aquí es donde la humanidad debería obligar a mirar hacia dentro, no hacia fuera: ese mismo puñado de perfiles que hoy me señala a mí no ha sido capaz, en dos décadas, de denunciar con la misma energía las carencias reales de esta ciudad. No os he visto exigir explicaciones por la pobreza severa que golpea a una parte de Ceuta muy por encima de la media nacional. No os he visto pedir cuentas por el paro juvenil disparado, ni por los barrios que llevan años esperando lo que el centro ya tiene. Ese silencio, sostenido durante veinte años, dice más de vuestras verdaderas prioridades que cualquier insulto que me dediquéis a mí.
Es más cómodo señalar a quien escribe con su nombre, su cara y su teléfono, que exigir responsabilidades a quien de verdad ha tenido el poder de cambiar las cosas y no lo ha hecho. Es más fácil crispar detrás de un perfil sin rostro que dar la cara ante quienes durante dos décadas han mirado hacia otro lado.
Lo que pido, aunque no espere respuesta
No te pido que estés de acuerdo conmigo. Te pido que, la próxima vez que cojas la foto de alguien y le pongas una etiqueta que no le corresponde, pienses un segundo en si esa persona te ha atacado a ti, a tu familia o a tu ciudad, o si simplemente ha pedido que nadie salga herido. Te pido que dirijas esa misma energía hacia quienes de verdad han decidido, durante años, qué barrios reciben y cuáles esperan. Y te pido, sobre todo, que la próxima vez que hables de humanidad, lo hagas desde una cara y un nombre, no desde un perfil que se borra en cuanto alguien pide explicaciones.
Ceuta no se construye a insultos anónimos. Se construye mirándose a la cara, incluso cuando se discrepa. Yo sigo dispuesto a esa conversación, con mi nombre puesto. La pregunta es si tú lo estás.
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