COLABORACIÓN
Ceuta, llamada a ser una nueva Alejandría
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Un puerto, un pueblo, fruto de tantos diversos; un monte, a la espalda un desierto y enfrente un continente, el europeo. Ceuta y Alejandría, ciudades diversas, orígenes diversos, espíritus similares, núcleos de riqueza inagotables que dieron y darán mucho que hablar, escribir, narrar y esperar.
¿Cómo podría ser? ¿Qué relación hay entre nuestra hermosa perla del Alborán y la cúspide de la sabiduría del mundo antiguo y medieval?
Pues bien, más allá de lo curioso de sus historias, la primera fundada por Alejandro Magno y la segunda por la legendaria princesa Abyla, ambas comparten algo más que no se puede describir simplemente, sino al compararlas. Ceuta, como Alejandría lo fue en su época, se ha convertido hoy en un constante fluir de gentes que, con sus propias culturas, han sabido dejar una pequeña parte de las mismas en la vida del pueblo caballa.
Por otro lado, casualmente ambas se encontraron en un periodo de crisis a nivel internacional bastante importante: la primera, con la muerte de Alejandro; nuestra patria chica, con la crisis que golpea a toda la escena mundial de la actualidad.
No son tan parecidas: unos fueron griegos y egipcios; nosotros somos orgullosos españoles. Quizás se lo plantee, estimado lector, aunque debe decirse que sí, somos españoles, pues al ser españoles, hijos de África, somos también fenicios, romanos y griegos, bizantinos, árabes, bereberes, portugueses y castellanos por cultura, religión, arquitectura, gastronomía e incluso por las alhajas que solemos llevar.
Somos también fruto de tantos siglos como tiene nuestra urbe, a la cual la tradición haría hermana de la legendaria Roma por su parentesco directo de la fundadora con la fabulosa Dido de Cartago. Pero sí, somos todos ellos, así como Alejandría era hija de los antiguos egipcios, griegos, persas, judíos, asirios, númidas e incluso de ciertos grupos indios emigrados desde el valle del río Ganges, como muestran los últimos hallazgos arqueológicos de restos de una comunidad budista en la capital del Mediterráneo oriental.
¿Qué se podría decir de Ceuta como gran potencia comercial, razón por la que fue llamada la perla del Mediterráneo occidental y por cuya posesión tantos pueblos pretendieron —y aún pretenden— disputarla?
En Alejandría, poco tiempo después de ser construida por el discípulo del célebre filósofo Aristóteles, se convirtió en la capital indiscutible del Mediterráneo oriental, al ser, junto con Constantinopla, una de las grandes capitales comerciales que transportaban productos desde el lejano Oriente hasta Europa.
Pues bien, Ceuta no se queda atrás en dicha categoría. La misma es hoy un centro comercial indiscutible y más que deseable para llevar a cabo cualquier tipo de comercio, pues entre dos aguas —la del mare nostrum y la del Atlántico— y con el continente africano a su espalda, constituye una encrucijada que poco tiene que envidiar a la egipcia.
Entonces, solo queda una diferencia especial: la cultura. Alejandría, bajo los Dinastía Ptolemaica, se constituyó como el principal centro de la cultura helenística. La construcción de la famosa Biblioteca de Alejandría y la llamada a grandes sabios para que se dedicaran al estudio, cultivo y sistematización del saber marcaron profundamente su historia.
Pero ¿y Ceuta? Bien, es cierto que quizás hoy no cuenta con una biblioteca como la creada por Ptolomeo I Sóter, pero no se puede negar que, como Ceuta, cientos de urbes se encuentran en una situación similar, pues tales bibliotecas requieren de una infraestructura y un espacio bastante grandes y exigentes, que difícilmente pueden conseguirse sin la presencia de universidades de cierto tamaño que las necesiten para el estudio de sus alumnos.
Ahora bien, no termina aquí la actividad intelectual de nuestra querida patria. Ceuta cuenta hoy con una pequeña revolución cultural, sobre la cual no se puede dudar que posee el espíritu de las grandes transformaciones intelectuales de la historia: la que llevó a cabo Francesco Petrarca al restaurar la cultura en Italia y en gran parte de Europa; la que protagonizó Sócrates al sacudir los fundamentos de la cultura griega; o la de pensadores como Galileo Galilei, Alfonso X el Sabio, René Descartes y Immanuel Kant, quienes, casi sin proponérselo, dieron forma a la sociedad que hoy conocemos.
Un ejemplo de lo dicho es el escritor, filósofo y político Martín Godoy García, quien, pese a sus solo 19 años, ha publicado ya dos tragedias, algunos discursos y diálogos filosóficos platónico-socráticos situados en nuestra ciudad. Un joven que parece representar el sentimiento de esa nueva generación de la capital del Mediterráneo occidental.
Otro ejemplo podría ser doña Eva Isanta, quien, con sus célebres papeles como actriz, ha llevado el nombre de Ceuta a la gran pantalla, no solo a nivel nacional, sino también más allá.
Luis López Anglada, José Luis Gómez Barceló, María Jesús Fuentes, entre tantos otros, han llevado el nombre de la ciudad «plus ultra», más allá de las propias fronteras de nuestra tierra.
Y esto, queridos lectores, es porque Ceuta está llamada a ser una nueva Alejandría. Por eso es importante recordar aquel pensamiento recogido en las historias de Tucídides, quien nos cuenta cómo Temístocles, general ateniense, se dio cuenta tras perder una batalla contra los persas de que el pueblo no son los barrios, los edificios, los centros, las plazas, las bibliotecas o los mercados, sino que las ciudades son su gente: hombres, mujeres, niños y ancianos que, juntos, forman realmente una tierra.
Como Atenas, Ceuta es así: no la forman el Hacho, la Calle Real o una biblioteca más o menos grande, sino el pueblo caballa, que, allí donde va, es capaz de llevar consigo lo más importante: el alma y el espíritu de una ciudad llamada a ser inmortal.
Por eso, quizás ahora sea el mejor momento para que nosotros, los caballas, podamos constituirnos como una nueva capital intelectual de España y, quién sabe, tal vez también de más allá.
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