Ceuta necesita que España comparta su carga, no su preocupación
Básicamente, es convertir Ceuta en una fortaleza para que una frontera europea no vuelva a depender de improvisaciones ante una avalancha o injerencias de Marruecos.
La derecha española ha conseguido construir un relato en el que Ceuta aparece principalmente como una ciudad abandonada a su suerte por el Gobierno central, y en el que la inmigración se presenta como una amenaza indiscriminada a la seguridad, la salud y la identidad nacional.
Hay elementos reales de ese relato: Ceuta y los ceutíes estamos soportado una presión extraordinaria y venimos reclamando respuestas desde hace ya demasiado tiempo.
El Gobierno central ha reconocido oficialmente que la situación ha superado las capacidades ordinarias de control fronterizo, identificación, atención humanitaria y acogida de la ciudad y ha declarado la situación de interés para la Seguridad Nacional.
No estamos, por tanto, ante un problema exclusivamente ceutí. Es un problema español.
Pero con insultos, gritos y la manipulación de las redes, se ha silenciado, convenientemente, de la conversación pública una pregunta más que evidente, ¿qué está haciendo el resto de España para quitarle presión a Ceuta?
Si España dispone de una red de más de 56.000 plazas en su sistema estatal de acogida y ya ha demostrado que puede trasladar a miles de personas, por ejemplo, desde Canarias hacia la Península, legítimamente me hago otras dos preguntas:
¿Por qué ese principio de solidaridad territorial no puede aplicarse también a Ceuta en estos momentos extraordinarios?
¿Por qué la solidaridad con Ceuta tiene que consistir fundamentalmente en enviarle más medios, más policías, más vacunas, más dinero, más visitas o más mensajes de apoyo, pero no en compartir territorialmente la presión que está soportando?
DE LAS PANCARTAS A LOS HECHOS
Desde determinados sectores se piden mensajes de ánimo a famosos y se promueven concentraciones y muestras de apoyo en otros puntos del país. Sin duda se agradecen de corazón pero si en las plazas de Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Valladolid, Zaragoza o cualquier otra ciudad española se van a levantar pancartas diciendo que Ceuta no está sola, ¿por qué no se acompaña esas pancartas de una decisión concreta que demuestre que efectivamente no lo está?
Si todos gritamos que Ceuta es España, que a Ceuta se la defiende, si es un problema nacional pues que cada comunidad autónoma asuma una parte. Eso sí sería solidaridad compartida. Y eso es lo que deberíamos pedir desde Ceuta.
Un gran incendio, una riada devastadora, un seísmo o la erupción de un volcán, son acontecimientos dramáticos para todo el país pero no son deslocalizables. Ocurren donde ocurren y el Estado sólo puede mandar medios a ese sitio para solucionarlo. Un drama como el de Ceuta, puede ser repartido para su solución.
Insisto, si no se está clamando en las calles por esta evidencia es porque el relato impuesto ha sido eficazmente creado para responder al trampantojo de la derecha de que no se puede repartir la carga de la presión con el resto del país para evitar el efecto llamada. Cuando la realidad es que sus gobiernos no quieren ni oír hablar de involucrarse en la solución. De que se está aprovechando esta crisis para jugar por adelantado las partidas electorales próximas. Tanto la nacional como la de Ceuta.
UN EJERCICIO CONCRETO
Para fundamentar la evidencia de que es España en su conjunto quien debe y puede asumir la carga, hago el siguiente ejercicio teórico como ejemplo. Tomemos como escenario de planificación 15.000 personas a repartir. No afirmo este número pero más o menos puede haber un consenso aproximado sobre él.
15.000 personas repartidas entre todas las comunidades autónomas, excepto Canarias y Baleares y Melilla, por razones evidentes, dejan de ser una multitud imposible de gestionar administrativa y humanitariamente, y pasan a convertirse en una responsabilidad distribuida. Un azucarillo en un océano de té.
El reparto teórico, podría ser el siguiente, atendiendo a extensión, población y recursos específicos ya existentes: Andalucía: 2.450 personas. Población: 8.778.481 habitantes; Cataluña: 1.950 personas. Población: 8.233.788 habitantes; Comunidad de Madrid: 1.800 personas. Población: 7.201.554 habitantes; Comunidad Valenciana: 1.600 personas. Población: 5.574.948 habitantes; Castilla y León: 1.100 personas. Población: 2.427.156 habitantes; Castilla-La Mancha: 900 personas. Población: 2.169.241 habitantes; Galicia: 950 personas. Población: 2.734.494 habitantes; Aragón: 750 personas. Población: 1.389.298 habitantes; País Vasco: 800 personas. Población: 2.257.392 habitantes; Región de Murcia: 700 personas. Población: 1.616.189 habitantes; Extremadura: 650 personas. Población: 1.055.849 habitantes; Principado de Asturias: 450 personas. Población: 1.026.726 habitantes; Comunidad Foral de Navarra: 350 personas. Población: 692.026 habitantes; Cantabria: 300 personas. Población: 599.056 habitantes; La Rioja: 250 personas. Población: 330.756 habitantes.
Como puede comprobarse, son números irrisorios antes una población total de más de 49 millones y una superficie aproximada de 505.370 kilómetros cuadrados.
Repartir territorialmente no significa regularizar automáticamente a nadie. Significa sacar a Ceuta del colapso y llevar a cada persona a un circuito administrativo en el que pueda estudiarse individualmente su situación. Y cuando proceda legalmente el retorno, ejecutarlo desde allí.
Por supuesto, como cuestión nacional que es, toda esa gestión la debe sufragar el Estado, sin que tenga que salir ni un solo euro de los presupuestos autonómicos.
LA FRONTERA
Paralelamente a ese reparto para las tramitaciones de expedientes y repatriaciones, hay que acometer la segunda pata de la estrategia que no es otra que impedir que la situación vuelva a repetirse.
España debe ejecutar una inversión extraordinaria, fundamentalmente con fondos europeos, para reforzar de manera permanente la infraestructura fronteriza de Ceuta.
El espigón del Tarajal necesita una solución de ingeniería fronteriza adaptada a la realidad que desincentiven e imposibiliten futuros intentos de entrada masiva, tanto por mar como por tierra.
Básicamente es convertir Ceuta en una fortaleza para que una frontera europea no vuelva a depender de improvisaciones ante una avalancha o injerencias de Marruecos.