Ceuta no puede seguir esperando

COLABORACIÓN

Francisco Vera Cabillas
28 ago 2026 - 04:15

Vamos camino de cumplir un mes y prácticamente, seguimos en el mismo punto: como víctimas y sufriendo las consecuencias de una situación que ha alterado por completo la vida de nuestra ciudad.

Hay que repetirlo una vez más, para el Gobierno, para el conjunto de los españoles y también para la Corona: Ceuta está viviendo una situación que sus ciudadanos perciben como una invasión. Y ante una realidad que afecta directamente a más de 84.000 personas, no bastan las visitas institucionales, las declaraciones de compromiso ni las fotografías de rigor.

Mientras tanto, el Gobierno continúa enviando representantes y responsables que, en demasiadas ocasiones, parecen más preocupados por cumplir con la visita y hacerse la correspondiente fotografía que por ofrecer soluciones reales. Y algunas declaraciones, lejos de aportar tranquilidad, terminan provocando todavía más indignación.

Ahí están las recientes palabras de la ministra de Sanidad, que han generado un profundo malestar entre quienes vivimos esta situación. Si hablamos de “colapso”, quizá habría que empezar por reconocer el que están soportando quienes están en primera línea y afrontarlo con la seriedad que merece y no el vendido por la ministra, la cual si muestra tener un “colapso”.

Nuestros sanitarios están desbordados. Atienden con los medios de los que disponen, acumulan horas y doblan guardias para mantener un servicio esencial sometido a una presión extraordinaria. Lo hacen mientras quienes tienen la responsabilidad de ofrecer respuestas continúan transmitiendo, en demasiadas ocasiones, una preocupante sensación de distancia.

Nuestra Policía tampoco lo está pasando mejor.

Y hay que detenerse especialmente en aquellos agentes que son hijos de Ceuta, porque soportan una carga emocional añadida. Viven en primera persona lo que ocurre en nuestras calles. Tienen familias, hijos y amigos afectados por esta situación y al mismo tiempo, deben limitarse a cumplir las órdenes que reciben y hacer su trabajo en unas circunstancias cada vez más complicadas.

Mientras tanto, nuestros hijos siguen prácticamente confinados en casa.

¿A dónde podemos llevarlos?

Las playas, que deberían ser uno de los grandes espacios de ocio de cualquier verano ceutí, han dejado de ser para muchas familias un lugar donde disfrutar con tranquilidad. Se denuncian comportamientos incívicos, problemas de higiene y situaciones que afectan también a parques infantiles y otros espacios públicos. Incluso hemos asistido a enfrentamientos y peleas que jamás deberían llegar a normalizarse.

Y los más pequeños son quienes menos culpa tienen de todo esto.

Les están robando sus vacaciones, su tiempo en familia, sus tardes al aire libre y la posibilidad de disfrutar de un verano normal. Y cuando empiezan a ver y escuchar determinadas situaciones de boca de los adultos, también corremos el riesgo de robarles algo todavía más importante: su infancia y su inocencia.

La situación también empieza a percibirse en supermercados, comercios de barrio y calles, donde se acumulan problemas, suciedad, olores y una sensación creciente de deterioro.

Y, sin embargo, da la impresión de que todo esto no existe para quienes tienen la obligación de gobernar.

Tampoco parece verlo la máxima autoridad del Estado.

Y en medio de esta ausencia institucional, ha sido, una vez más, quien tantas veces ha dado la cara por Ceuta quien ha vuelto a dar un paso al frente, elevar la voz y mostrar su rechazo ante determinadas actuaciones que pretenden llevarse a cabo en nuestra ciudad.

Se podrán tener opiniones diferentes sobre nuestro presidente, Juan Vivas, pero hay algo que, al menos en este momento, resulta difícil de negar: su defensa y dedicación a Ceuta.

Lo mismo ocurre con los miembros del Gobierno de la Ciudad, que están soportando una situación extraordinariamente complicada y que, con sus aciertos y sus errores, están dando la cara.

Y quiero mencionar especialmente, sin desmerecer al resto, a Rafael Martínez Peñalver, por la claridad con la que ha expresado públicamente su rechazo a lo que está ocurriendo y por no esconderse cuando más falta hace hablar claro.

Lo conozco personalmente y sé de dónde viene. Creció en un lugar y en una época en la que los vecinos defendían su barrio, su calle y a los suyos. Los que componíamos aquel barrio no cedíamos terreno ante quienes venían a causar daño o delinquir. Éramos chavales entonces y muchos de aquellos chavales somos ahora adultos, pero hay algo que no ha cambiado: no ceder, no mirar hacia otro lado y defender aquello que consideramos nuestro.

Pero esta situación no solo es preocupante por lo que estamos viviendo hoy.

Lo verdaderamente inquietante es lo que puede ocurrir mañana.

¿Quién garantiza a los padres que hoy tienen a sus hijos privados de un verano normal que dentro de unas semanas será seguro llevarlos al colegio?

¿Quién garantiza que podrán acudir con normalidad a sus actividades extraescolares, deportivas y de ocio?

¿Quién nos asegura que la situación estará resuelta cuando comience el nuevo curso?

Porque seamos claros: esa situación de normalidad que algunos pretenden transmitir en la península no se corresponde con lo que realmente estamos viviendo quienes estamos aquí.

Por eso la pregunta es sencilla:

¿Quién me garantiza que el horario escolar, las tardes de nuestros hijos y sus actividades extraescolares van a desarrollarse con normalidad y seguridad?

No queremos discursos.

Queremos garantías.

Este Gobierno, cuya actitud muchos ceutíes percibimos como distante y cuya respuesta institucional está siendo cada vez más cuestionada, junto con la falta de una intervención clara por parte de la Corona, está permitiendo que nuestra ciudad continúe viviendo una situación que no debería prolongarse ni un día más.

Y lo peor es que, si esto continúa así, la tensión social seguirá creciendo.

Tampoco podemos permitir que la confrontación política termine dividiéndonos todavía más.

Que un ciudadano increpe a otro y lo llame “fascista” simplemente por pensar diferente tampoco nos conduce a ninguna parte.

Ceuta no necesita ahora una guerra de siglas.

Necesita que todos rememos en la misma dirección.

Los partidos políticos, nacionales y locales tienen una responsabilidad enorme. Deben apoyar, empujar y defender a la ciudad. No utilizar cada declaración desafortunada, cada polémica o cada enfrentamiento para intentar obtener rédito político.

Ceuta debe estar por encima de cualquier partido, de cualquier cargo y de cualquier estrategia electoral… señor Delegado.

Porque cuando una ciudad atraviesa una situación como esta, no existen los colores políticos. Existen los ceutíes.

Independientemente de a quién rece cada uno, del partido al que vote, de las ideas que tenga o de las diferencias que podamos mantener, lo primero debe ser esta tierra.

Esta tierra, cuna de cuatro culturas, que tantas veces ha demostrado que sabe permanecer unida cuando las circunstancias lo requieren.

Y precisamente eso es lo que hace falta ahora.

Unidad, sentido común, responsabilidad y firmeza.

Quien todavía tenga dudas, debería recordar algo muy sencillo: Ceuta y Melilla son España, y los ceutíes hemos demostrado durante generaciones nuestro compromiso con esta tierra y con España.

No necesitamos que nadie nos dé lecciones sobre lo que significa defender nuestra ciudad.

Una ciudad no puede vivir eternamente en la incertidumbre.

Ceuta tampoco puede convertirse en un lugar destinado a soportar indefinidamente una presión migratoria que desborda nuestros recursos y condiciona la vida de quienes vivimos aquí.

Ceuta necesita respuestas.

Necesita seguridad, necesita autoridad, necesita medios y sobre todo, necesita tener la certeza de que no está sola.

Porque, cuando estamos a punto de cumplir un mes, seguimos esperando que quienes tienen la responsabilidad de defenderla comprendan algo fundamental:

Esto no es una fotografía.

No es una visita institucional.

No es un titular.

No es una polémica política.

Es la vida de 84.000 ceutíes.

Y esos 84.000 ciudadanos merecen mucho más que silencio, visitas y discursos.

Merecen respuestas.

Merecen acciones.

Y las necesitan ya.

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