Ceuta no puede seguir sola: sus ciudadanos merecen tranquilidad y sus médicos no pueden continuar al límite
Opinión
Si hay un colectivo que merece un reconocimiento especialmente sincero es el de los médicos y el conjunto de los profesionales sanitarios
Si hay un colectivo que merece un reconocimiento especialmente sincero es el de los médicos y el conjunto de los profesionales sanitarios. Durante estos meses han tenido que afrontar una presión asistencial extraordinaria, atendiendo tanto a la población ceutí como a las personas migrantes que han necesitado asistencia. Lo han hecho con profesionalidad, humanidad y un sentido del deber que merece ser destacado. Médicos de Urgencias, Atención Primaria, especialistas hospitalarios, residentes, enfermeras, técnicos, auxiliares y otros trabajadores sanitarios han contribuido a sostener la respuesta asistencial en unas circunstancias especialmente difíciles.
Ese esfuerzo tiene también un coste personal. Las jornadas exigentes, la acumulación de responsabilidades, la tensión asistencial y la preocupación por la seguridad de los pacientes pueden generar agotamiento físico, estrés emocional y desgaste profesional. No podemos exigir a quienes cuidan de nuestra salud que sacrifiquen indefinidamente la suya. La vocación de los médicos no puede seguir utilizándose como sustituto de una planificación sanitaria adecuada. Y aquí es donde debemos hablar de INGESA y del Ministerio de Sanidad. Es cierto que INGESA ha anunciado refuerzos y dispositivos extraordinarios para responder a la crisis. Pero también lo es que los problemas de la sanidad ceutí no comenzaron en julio. Las dificultades para cubrir determinadas plazas, la escasez de especialistas y la sobrecarga de los profesionales venían denunciándose desde mucho antes.
Por eso, no basta con presentar estadísticas de actividad asistencial o balances de recursos movilizados. Hay que explicar si esos recursos han sido suficientes, cómo se ha distribuido la carga de trabajo, qué consecuencias ha tenido sobre los profesionales y qué medidas se van a adoptar para evitar que una situación semejante vuelva a poner al sistema al límite. Resulta difícil aceptar que la respuesta institucional se centre en defender la gestión realizada sin ofrecer al mismo tiempo compromisos concretos para resolver las deficiencias estructurales.
También merece una reflexión la satisfacción expresada por INGESA tras el cierre del expediente del Defensor del Pueblo. La ausencia de recomendaciones correctoras no significa que los problemas denunciados por los médicos hayan desaparecido. Ni debería servir para desacreditar sus reclamaciones. Una cosa es la valoración administrativa de unas actuaciones y otra muy distinta la realidad cotidiana de quienes trabajan en los centros sanitarios. Mónica García, tiene una responsabilidad directa en esta cuestión. Ceuta depende sanitariamente de INGESA y, por tanto, del propio Ministerio.
Aquí no cabe trasladar las responsabilidades a una comunidad autónoma. La planificación de los recursos, la política de personal y la organización asistencial corresponden directamente a la Administración General del Estado. Por eso reclamamos que el Ministerio escuche a los profesionales, reconozca las particularidades de Ceuta y presente un plan sanitario específico, con compromisos verificables de contratación, estabilidad profesional e incentivos que permitan atraer y retener médicos especialistas.
En todo este proceso merece un reconocimiento especial el liderazgo del Sindicato Médico de Ceuta, integrado en CESM. Nuestros compañeros han estado sobre el terreno desde el comienzo, escuchando a los profesionales, denunciando las deficiencias, reclamando refuerzos y trasladando a las administraciones las consecuencias de la presión asistencial. No han esperado a que los problemas llegaran a los titulares nacionales. Han mantenido sus reivindicaciones incluso en los momentos más difíciles y han demostrado que defender a los médicos también significa defender el derecho de los ciudadanos a una asistencia sanitaria de calidad.
La dirección nacional de CESM ha acompañado y respaldado ese trabajo, denunciando las carencias asistenciales, solicitando la intervención del Ministerio de Sanidad y reclamando que los profesionales puedan expresar libremente sus preocupaciones sin temor a posibles represalias. Nuestra visita a Ceuta no pretende sustituir ese liderazgo, sino reconocerlo y reforzarlo. Son los representantes médicos de Ceuta quienes mejor conocen las dificultades de sus compañeros y quienes deben ocupar un papel protagonista en la búsqueda de soluciones.
También queremos dejar claro que nuestra solidaridad se extiende a todas las personas que han sufrido las consecuencias humanas de esta crisis. La atención sanitaria debe prestarse siempre con independencia del origen o de la situación administrativa de quien la necesita. Defender a los ciudadanos de Ceuta y reclamar condiciones dignas para sus médicos es perfectamente compatible con exigir un trato humano y respetuoso hacia las personas migrantes. Precisamente por eso necesitamos una Administración que planifique, anticipe y proporcione los recursos necesarios, en lugar de confiar en que los profesionales resolverán cualquier emergencia a base de esfuerzo personal.
Ceuta no puede continuar viviendo con la sensación de que cada nueva crisis puede desbordar sus servicios públicos. Sus ciudadanos merecen recuperar la tranquilidad. Sus médicos merecen trabajar en condiciones dignas. Sus instituciones merecen ser escuchadas y sus organizaciones profesionales deben participar en las decisiones que afectan a la asistencia sanitaria.
La CESM viene a Ceuta para expresar reconocimiento y solidaridad, pero también para exigir responsabilidades y compromisos. Reconocimiento a una ciudadanía que ha soportado una presión extraordinaria. Reconocimiento a los médicos y profesionales sanitarios que han dado lo mejor de sí mismos. Reconocimiento al Sindicato Médico de Ceuta por su liderazgo y perseverancia. Y reconocimiento al presidente Juan Vivas por trasladar públicamente la gravedad de los problemas que afectan a la ciudad y reclamar una respuesta del Estado. Pero el reconocimiento no es suficiente. Hace falta actuar. Ceuta no pide privilegios.
Pide que sus ciudadanos puedan vivir con tranquilidad, que sus médicos dispongan de los recursos necesarios y que el Estado asuma las responsabilidades que le corresponden. Porque la fortaleza de una ciudad no puede medirse únicamente por su capacidad para soportar las crisis. También debe medirse por el respaldo que recibe cuando más lo necesita. Y Ceuta, sus ciudadanos y sus profesionales sanitarios merecen mucho más que tener que resistir permanentemente.