OPINIÓN
Ceuta, ¿el principio del fin?
OPINIÓN
Lo que está pasando en Ceuta es algo bastante evidente. Marruecos está probando a España. Ahora ya saben que nadie va a mover un dedo por defender Ceuta ni Melilla, al menos mientras esté Pedro Sánchez al frente del Gobierno. Por lo tanto, pueden ocuparlas cuando quieran, nada ni nadie se lo impedirá.
La relación de Sánchez con Mohamed VI es de puro vasallaje, hace todo lo que se le ordena, porque negarse supondría la publicación de todo lo que Pegasus se llevó de su móvil, y acabaría en la cárcel. Hasta el punto de que invaden España y encima les da las gracias, algo realmente increíble.
Marruecos sabe muy bien lo que es la España del sanchismo, un país dividido, crispado, polarizado, pero también envejecido, adoctrinado y desmotivado para plantar cara a una situación de emergencia nacional como esta.
Ceuta, por desgracia, no es una de las principales preocupaciones de la mayoría de los españoles, que andan todavía intentando exprimir sus vacaciones, como Sánchez, o, en el caso de los jóvenes, soñando con encontrar una vivienda digna para vivir y afrontar un futuro siempre incierto.
Mi visión del asunto es bastante pesimista. Habrá manifestaciones, se gritarán consignas, se verán muchas banderas, pero al día siguiente estaremos más pendientes de la liga de fútbol que del futuro de 85.000 españoles que han sido invadidos por una turba indomable, sencillamente, los hemos abandonado a su suerte.
Marruecos se ha movido mejor que España en el tablero internacional, y ha conseguido el apoyo de dos de las grandes potencias que antes fueron nuestras aliadas y ahora nos miran con desdén: Estados Unidos e Israel.
La política exterior española, dirigida por ese perrito faldero engominado llamado Albares, capaz de cualquier felonía para conseguir una caricia de su amo, lleva años colocándose del lado oscuro de la historia, ese en el que militan narcodictaduras asesinas y regímenes teocráticos.
Dentro de casa ya sabemos quién apoya a este Gobierno, cualquiera que se considere enemigo de España, de la monarquía y de todo lo que representa, y lo seguirán apoyando hasta conseguir su objetivo final, el fin de España como nación.
Su anhelo, antes inconfesable, ahora indisimulado, es la derogación de la Constitución, la abolición de la monarquía y la instauración de la III República, en este caso en forma de una confederación plurinacional que reniegue de las raíces culturales de España y de la unidad de su territorio. Es la venganza de su derrota en una guerra civil que ocurrió hace ya 90 años, pero que se empeñan en mantener viva para seguir enfrentando a los españoles.
Ceuta es sólo el principio del fin, luego vendrá Melilla y luego quién sabe, puede que hasta Canarias…
Ya hay muchos ceutíes pensando en hacer las maletas, pues la vida allí se les ha complicado demasiado.
Habrá también quien prefiera luchar aunque le vaya la vida en ello, gentes de honor que preferirán morir antes que entregar la tierra donde descansan sus antepasados, pero serán los menos, se sentirán traicionados, con razón, y se terminarán marchando entre lágrimas.
¿Se puede hacer algo para evitar el desastre? Sí, plantarse, rebelarse, inundar las calles, las redes y todos los foros posibles hasta que caiga este Gobierno de traidores, desenmascarar sus fechorías, ponerlos delante de la justicia y hacerles pagar con la cárcel el daño tan terrible que han hecho a España, a su integridad territorial, a su historia y a su democracia.
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