Ceuta: cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo
Opinión
Un artículo de Ángel Lara, secretario general de CCOO
Lo que ha vivido Ceuta no puede maquillarse con eufemismos. No estamos ante una mera crisis humanitaria ni ante un simple desbordamiento fronterizo. Hemos sufrido una agresión política y territorial que ha puesto en evidencia la fragilidad de nuestra fronteray la indignidad de quienes, desde fuera y también desde dentro, han reaccionado tarde, mal y con una pasmosa cobardía institucional. Ceuta ha quedado expuesta durante muchísimas horas y ha estado prácticamente abandonada a su suerte.
Primero llegaron los que se lanzaron al mar, empujados por la desesperación y el drama de quienes son utilizados como carne de cañón. Pero después vino la avalancha, la entrada masiva, la pasividad clamorosa de las autoridades marroquíes y la utilización deliberada de seres humanos como instrumento de presión. Eso tiene nombre: chantaje político. Y cuando ese chantaje se ejerce contra una ciudad española, con total desprecio por la seguridad, la convivencia y la integridad territorial, estamosante una maniobraque muchos expertosya sitúan en el marco de la guerra híbrida.
Ceuta ha sentido miedo. Ceuta ha sentido inseguridad. Ceuta ha sentido abandono. Y no es exageración: es la descripción exacta de lo que hemos vivido miles de vecinos y vecinas que vimos cómo la frontera se desmoronaba ante la pasividad de unos y la improvisación e inacción de otros. No se puede pedir calma a una ciudad cuando se la deja sin medios, sin respuesta inmediata y sin una dirección política a la altura de la gravedad del momento.
Agradeceremos siempre, y hay que decirlo alto y claro, la labor extraordinaria del personal sanitario, de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y del Ayuntamiento, del Ejército, de los servicios esenciales, de limpieza, del personal de menores, del CETI, trabajadores de los medios de comunicación, personal de los juzgados y de todos los trabajadores y trabajadoras que se dejaronla piel para sostener la ciudad cuandolas instituciones fallaban. Ellos sí estuvieron donde debían estar. Ellos sí dieron la cara. Ellos sí defendieron a Ceuta con profesionalidad, coraje y humanidad.
La ciudadanía también dio una lección, y salvo escasos hechos aislados, mostró temple, serenidad, responsabilidad y dignidad. Mientrasotros jugaban a la propaganda, la gente de Ceuta volvió a demostrar que esta ciudad sabe resistir. Pero no se puede convertirel heroísmo cotidiano de un pueblo en excusa para la incompetencia de sus gobernantes.
Porque el Gobierno español tardó demasiado. Porque no reaccionó con la urgencia que exigía la situación. Porque no desplegó desde el primer minuto todos los medios necesarios. Porque no entendió que Ceuta no podía esperara que la maquinaria burocrática despertara. Y porque,una vez más, cuando las cosas se pusieron serias, la respuesta institucional fue la de siempre: declaraciones, y pocas soluciones.
Y tampoco se salva la oposición, más interesada en convertir esta crisis en una trincheraelectoral que en actuarcon altura de Estado. Bastabacon una posicióncomún, firme, sin matices cobardes y sin oportunismos. Pero no. Hemos visto cómo se aprovechaba el dolor de Ceuta para ajustar cuentas y buscar rentabilidad política. Esa conductaes miserable. En una crisisde esta magnitud, quien convierte el sufrimiento de una ciudad en munición partidista se descalifica moralmente.
No basta con mirarhacia otro lado ni con repartir culpas difusas. Hay que señalarcon claridad a quien los indicios señalan como verdadero responsable político de esta agresión: el poder marroquí, que permitió, alentó o toleró la entrada masiva como instrumento de presión, con la intención de calibrar la respuesta que ofrece nuestropaís, la Unión Europea y el restode actores internacionales. Y hay que decir que si la repuesta de nuestro país fue tardía la de la Unión Europea ha sido, en general, absolutamente insolidaria, Europa nos ha dejado solos. La Unión Europea no puede seguir actuandocomo si Ceuta fuera un problema periférico o ajeno. Ceutaes frontera de Europa, y cuando se golpea a Ceuta se está golpeando a Europa. Y, por último, los principales actores internacionales han mostrado claramente sus preferencias. Todo esto nos hace vislumbrar un horizonte preocupante.
Y, sí, también duele la tardía y poco visible posición de la Casa Real. En un momento en que Ceuta y su gente necesitaban respaldo institucional, cercaníay un mensaje inequívoco de unidad nacional, la sensación ha sido la de un país que no siempre está donde debe estar. Esa percepción de abandono no es un detalle menor: es una herida política y moral que no debe repetirse.
Tampoco podemos dejar de señalar la tremenda tragedia humanitaria que se ha producido, en la que se habla de aproximadamente 100 personas fallecidas, menores de edad algunas de ellas. Sus vidas nos importan y por eso no se deben repetir situaciones que deriven en hechos tan dramáticos. También se debe solucionar la situación del CETI y el centro de menores, indigna a todas luces, ampliando espacios e incrementando recursos materiales y humanos en sus diferentes categorías y servicios, si no se hace, lamentaremos nuevas tragedias. Se deben mejorar las condiciones higiénicas y de salubridad de las personas que esperan a sus puertas y proporcionarles una atención alimenticia adecuada. No hacerlo, además de ser impropio de nuestro país, puede derivar en graves problemas de salud pública y seguridad ciudadana.
Ceuta es España, Ceuta no es una colonia.Ceuta es una ciudad tan española como cualquier otra de la península, lo es desde hace siglos, como lo acreditan los hechos históricos, así como los tratados y acuerdos internacionales, y lo seguirásiendo. La ciudadanía ceutí precisa certidumbres que le permitan afrontar el presente mirando a un futuro claro y estable respecto a sus expectativas vitales, económicas, laborales.
A las y los ceutíes, nos preocupa el daño que se ha producido a la imagen de Ceuta a nivel nacional e internacional. Un daño que puede mostrar sus efectos negativos en la reducción del poder de atracciónde empresas a nuestra ciudady sus consecuencias sobre el empleo, lastrando los esfuerzos que todos estamos haciendo para generar empleo a través de nuevos sectores y potenciando los existentes.
Lo que ha pasadono puede quedaren una simple anécdota diplomática ni en una nota de prensa. Debe tener consecuencias. Consecuencias para que España deje claro que no aceptará más agresiones de este tipo. Consecuencias para que la Unión Europea entienda que su frontera sur no se negocia con silencio. Consecuencias para que Marruecos sepa que no puede volver a usar a los más débiles, niños, mujeres, personas desesperadas, como herramienta de presión.
Ceuta no puede volver a sentirse sola. Si el Estado no aprende la lección, si Europa sigue de espaldas y si la clase política continúahaciendo de esta tragedia un tablero electoral, entonces el problema no será solo una crisis fronteriza. El problema será mucho más grave, de soberanía.