Ceuta se une bajo la bandera de España

COLABORACIÓN

Mientras España sueña con conquistar su segunda Copa del Mundo, Ceuta vuelve a demostrar que la ilusión colectiva y el orgullo de sentirse ceutí y español son capaces de llenar plazas, calles y hogares de una emoción difícil de describir

Imagen de los ceutíes celebrando el pase a la final del Mundial el pasado martes.
Imagen de los ceutíes celebrando el pase a la final del Mundial el pasado martes. | Inma Martínez

Hay noches que trascienden el resultado de un partido de fútbol. Noches que quedan grabadas en la memoria colectiva porque representan mucho más que una victoria deportiva. La clasificación de la Selección Española para la final del Mundial de 2026, tras imponerse a la todopoderosa Francia, ha sido una de ellas. La alegría se ha extendido por toda España, pero en Ceuta se ha vivido con una intensidad especial, con esa mezcla de emoción, orgullo y sentimiento de pertenencia que caracteriza a esta ciudad.

La imagen de la playa de La Ribera abarrotada de aficionados siguiendo el encuentro a través de una pantalla gigante es el mejor reflejo de lo que significa el fútbol cuando consigue unir a toda una sociedad. Al término del partido, las calles se llenaron de familias, jóvenes y mayores celebrando juntos. Los cláxones sonaban sin descanso, las banderas ondeaban desde los vehículos y los balcones, y durante unas horas desaparecieron las preocupaciones cotidianas para dar paso a una celebración compartida.

En tiempos en los que las diferencias parecen ocupar demasiados titulares, el deporte vuelve a demostrar su extraordinaria capacidad para unir. Y si hay un lugar donde esa realidad adquiere un significado especial es Ceuta.

Nuestra ciudad es un ejemplo de convivencia. Aquí conviven distintas culturas, tradiciones y confesiones religiosas que forman parte de una misma identidad. Esa diversidad, lejos de dividir, constituye una de nuestras mayores riquezas. Por eso, cuando juega España, las diferencias desaparecen y queda al descubierto algo que a menudo pasa desapercibido: el profundo sentimiento de pertenencia que comparten los ceutíes.

Más allá del origen, de cómo se rece o de la lengua que se hable en casa, existe un denominador común que une a miles de personas: sentirse orgullosos de Ceuta y sentirse orgullosos de España. Es una realidad cotidiana que aflora con especial fuerza en acontecimientos como el que estamos viviendo estos días o cuando juega el Ceuta y subimos al Murube.

Hay quienes contemplan el deporte únicamente desde la perspectiva competitiva. Sin embargo, acontecimientos como este demuestran que el fútbol también cumple una importante función social. Es capaz de reunir a vecinos que apenas se conocen, de emocionar a generaciones enteras y de ofrecer una imagen de unidad que difícilmente se consigue en otros ámbitos de la vida pública.

La Selección Española representa, en estos momentos, mucho más que once futbolistas sobre el césped. Representa el esfuerzo colectivo, el trabajo en equipo, el sacrificio, el talento y la ilusión de millones de personas que encuentran en ella un motivo para compartir una alegría común.

Y precisamente eso es lo que se ha vivido estos días en Ceuta. No se ha preguntado a nadie de dónde viene ni cómo piensa. Nadie ha necesitado etiquetas. Solo ha habido camisetas rojas, abrazos, cánticos y sonrisas. Durante noventa minutos —y durante toda la noche posterior— la ciudad ha hablado un único idioma: el de la emoción compartida.

Ahora llega el momento decisivo. Dieciséis años después de conquistar el mundo en Sudáfrica, España vuelve a tener la oportunidad de levantar la Copa del Mundo. El nerviosismo es inevitable, pero también lo es la ilusión. El equipo ha demostrado personalidad, calidad y un fútbol capaz de competir con cualquiera. La confianza está plenamente justificada.

Esta noche volverán a llenarse las plazas, los bares y la playa de La Ribera. Miles de ceutíes volverán a reunirse con un mismo deseo, conscientes de que el resultado forma parte del deporte, pero también de que hay victorias que ya nadie puede arrebatar. Porque la unidad, el orgullo compartido y la convivencia que se han visto estos días son, por sí mismos, un triunfo.

Ojalá la noche termine con España levantando la Copa del Mundo y bordando la segunda estrella sobre su escudo. Pero, ocurra lo que ocurra, Ceuta ya habrá vuelto a demostrar algo que quienes la conocen saben desde hace mucho tiempo: que cuando se trata de animar a España, esta ciudad late al unísono. Y esa imagen, la de miles de ceutíes celebrando juntos bajo una misma bandera, vale tanto como cualquier título.

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