"La DANA, Revuelta y la Guardia Civil"

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En los últimos días hemos asistido con preocupación a la difusión de un vídeo protagonizado por una asociación juvenil vinculada a una formación política, cuyo contenido destila un tono preocupante, con mensajes que muchos no dudan en calificar como claramente racistas.

No se trata de una simple salida de tono: estamos ante un discurso que, lejos de contribuir al debate democrático, alimenta la fractura social y busca, de manera deliberada, la polarización de la sociedad ceutí.

Ceuta ha sido históricamente un ejemplo de convivencia, una ciudad donde culturas, religiones y orígenes diversos han sabido compartir espacio y construir comunidad.

Precisamente por ello, resulta especialmente grave que desde organizaciones que deberían fomentar la participación juvenil y el pensamiento crítico se lancen mensajes que apuntan en dirección contraria: la del enfrentamiento, la desconfianza y el señalamiento del "otro" como problema.

En este contexto, no puede obviarse que la asociación en cuestión, ya se vio envuelta en una polémica reciente relacionada con la recaudación de donativos para los afectados por la DANA. 

Sobre aquella iniciativa planean dudas que nunca han sido aclaradas del todo, especialmente en lo relativo al destino final de los fondos recaudados.

Este antecedente no hace sino reforzar la necesidad de exigir transparencia, responsabilidad y coherencia a quienes pretenden tener presencia e influencia en el espacio público.

Pero si el contenido ya es alarmante, la forma en la que se presenta lo es aún más. 

El autor del vídeo aparece visiblemente enfadado, con una actitud crispada que refuerza el carácter incendiario de sus palabras. 

Y hay un detalle que no puede pasar desapercibido: viste una sudadera con el nombre de la Guardia Civil. 

Este hecho introduce un elemento adicional de gravedad, ya que puede interpretarse como una utilización simbólica —cuando no una apropiación indebida— de la imagen de una de las instituciones más respetadas y valoradas por la ciudadanía.

La Guardia Civil representa valores como el servicio público, la neutralidad política y la protección de todos los ciudadanos, sin distinción. 

Asociar su imagen, aunque sea de forma indirecta, a discursos excluyentes o de tintes racistas no solo es inapropiado, sino profundamente injusto para quienes integran el cuerpo y desempeñan su labor con profesionalidad y vocación.

Por todo ello, resulta imprescindible que las instituciones actúen.

El delegado del Gobierno no debería permanecer ajeno ante este tipo de situaciones. 

Su voz es necesaria para condenar de forma clara estos mensajes y, al mismo tiempo, para exigir respeto hacia el Benemerito cuerpo de la Guardia Civil, evitando que su imagen pueda ser utilizada como vehículo de discursos que nada tienen que ver con los valores que representa.

No se trata de censurar opiniones, sino de trazar una línea clara frente a aquellos mensajes que ponen en riesgo la convivencia. 

La libertad de expresión no puede convertirse en un paraguas bajo el cual se legitimen discursos que dividen, estigmatizan y erosionan el tejido social.

Ceuta no merece retroceder en lo que tanto ha costado construir. 

La responsabilidad es compartida, pero especialmente exigible a quienes aspiran a influir en la sociedad. 

Porque cuando se juega con el fuego de la polarización, las consecuencias nunca son individuales: afectan a todos.

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