El delegado de Ceuta: ejecutor, no decisor

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Miguel Ángel Pérez Triano.
Miguel Ángel Pérez Triano. | EL PUEBLO

Miguel Ángel Pérez Triano, delegado del Gobierno en Ceuta, está siendo víctima de un acoso político y mediático sin precedentes. Acusado desde todos los frentes oposición, ciudadanos e incluso compañeros de su propio partido, su figura se ha convertido en el centro de una tormenta que mezcla crisis migratoria, tensiones internas y un cuestionamiento frontal a su gestión.

Pero hay algo que pocos se atreven a decir en voz alta: Pérez Triano no decide. Ejecuta. Su cargo, como el de cualquier delegado del Gobierno en cualquier ciudad autónoma, está condicionado por las directrices que emanan de Madrid. Lo que ocurre en Ceuta no es responsabilidad exclusiva suya, sino consecuencia de decisiones tomadas a kilómetros de distancia .

La fractura del PSOE ceutí

La prueba más evidente de esta tensión es la ruptura interna dentro del propio PSOE de Ceuta. Melchor León, diputado socialista y vicepresidente de la Asamblea, ha exigido públicamente la dimisión del delegado, acusándole de anteponer sus intereses personales al bienestar de la ciudad.

Esta fractura refleja algo más profundo: el conflicto entre la disciplina de partido impuesta desde Ferraz y las necesidades reales de una Ceuta que se siente abandonada por el Gobierno central.

Cualquier partido, mismo destino

La pregunta incómoda es esta: ¿habría actuado diferente cualquier otra persona en su cargo? La respuesta es no. El sistema de delegaciones está diseñado para que el delegado sea la cara visible de decisiones tomadas en Moncloa, asumiendo éxitos y fracasos de una gestión que no depende de él.

Pérez Triano fue nombrado en febrero de 2025 como parte de una estrategia del PSOE para reforzar su presencia en Ceuta . Su trayectoria no le ha servido de escudo. Acusado de falta de liderazgo, de tardanza en habilitar medios y de no anticipar la entrada masiva de migrantes, se encuentra en una posición casi imposible: ejecutar órdenes de Madrid mientras asume las consecuencias en el terreno.

El precio de la lealtad

Lo que está ocurriendo con Pérez Triano es el precio que paga un político por mantener la disciplina de partido en un momento de crisis extrema. Su alineamiento con la versión oficial del Gobierno ha sido interpretado como falta de compromiso con Ceuta, cuando en realidad es una muestra de lealtad a la estructura que lo colocó en el cargo.

La dimisión de su jefe de Gabinete, Gonzalo Sanz, tras confirmar que había trasladado los avisos del CNI el mismo día, no hizo sino agravar la situación, dejando al delegado en una posición aún más vulnerable.

Reflexión final

El caso de Pérez Triano debería servir para reflexionar sobre el papel de los delegados del Gobierno. ¿Hasta qué punto es justo convertirlos en chivos expiatorios de decisiones tomadas en otro lugar? ¿No sería más honesto reconocer que su margen de maniobra es limitado?

Cualquier persona que hubiera ocupado su cargo, sea del partido que sea, se habría encontrado en la misma situación: entre la espada de las directrices ministeriales y la pared de las expectativas ciudadanas. Ceuta merece más que un debate centrado en una sola figura.

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