El despertar forzoso del Consejo de Medio Ambiente: entre naranjos arrancados y podas a destiempo
COLABORACIÓN
Ceuta asiste estos días a una gestión del patrimonio arbóreo que parece ignorar los ciclos de la naturaleza y la normativa más elemental de conservación. Tras años de silencio administrativo, la posible reactivación del Consejo Sectorial de Medio Ambiente se perfila como un examen de alta tensión para la Consejería.
La imagen que ofrecen hoy nuestras calles no deja lugar a dudas: podas drásticas en plena época prohibida, ejecutadas cuando los árboles —incluidos ficus de gran porte que podrían considerarse singulares— se encuentran en plena actividad vegetativa. La Asociación DAUBMA y otros colectivos llevan años recordando que la época recomendada para podar arbolado urbano en Ceuta va del 1 de octubre al 28 de febrero, precisamente para evitar daños fisiológicos y proteger la reproducción de aves urbanas. Cualquier intervención fuera de ese periodo debe estar estrictamente justificada por un riesgo real para la seguridad, no por conveniencia operativa.
A esto se suma el reciente y polémico arranque de naranjos en una zona concreta de la ciudad, una decisión que ha encendido los ánimos de vecinos y colectivos ecologistas. No se trata solo de estética; hablamos de salud pública, de sombra en una ciudad cada vez más castigada por el calor y de respeto al ecosistema urbano. La eliminación de árboles maduros sin un plan claro de reposición —o con reposiciones simbólicas que tardan décadas en ofrecer sombra real— supone una pérdida ambiental que no se compensa con discursos.
Durante años, el Consejo Sectorial de Medio Ambiente ha permanecido en un letargo conveniente para la administración: sin convocatorias, sin debate y, sobre todo, sin fiscalización. Sin embargo, la presión social y los últimos episodios de gestión arboricida parecen estar forzando a la Consejería a desempolvar este órgano de participación.
Si el Consejero espera un regreso plácido a las reuniones, peca de optimismo. La mesa no estará servida con cortesías, sino con exigencias claras:
Explicaciones técnicas reales sobre:
- Por qué se están realizando podas en plena época de actividad vegetativa, cuando la normativa local y las recomendaciones de conservación lo desaconsejan de forma tajante.
- Por qué se interviene sobre ficus de gran tamaño —árboles especialmente sensibles a podas severas— sin informes públicos que acrediten riesgo.
Transparencia sobre el destino de los naranjos arrancados
La justificación de su eliminación debe ponerse sobre la mesa con datos verificables. No basta con promesas genéricas de “reposición”, especialmente cuando la experiencia demuestra que esas reposiciones llegan tarde, mal o nunca.
Un Plan Director de Arbolado
La ciudad no puede seguir funcionando a golpe de improvisación o del criterio variable de la contrata de turno. Ceuta necesita un documento técnico que establezca:
- criterios de poda,
- inventario actualizado,
- protección de ejemplares singulares,
- protocolos de actuación,
- y un calendario respetuoso con los ciclos biológicos.
La creación de una “Mesa del Árbol”
Esta figura ya se reclama con fuerza en otras ciudades para evitar la opacidad y garantizar una participación ciudadana real. En Ceuta, esta propuesta ya no es una idea: es una urgencia.
Si finalmente se convoca el Consejo, el Consejero no debería extrañarse si la reunión resulta, como poco, “calentita”. Es el resultado lógico de años de silencio administrativo frente a una gestión que, a ojos del ciudadano, parece haber declarado la guerra al verde de Ceuta.
La participación ciudadana no es un trámite molesto que cumplir cuando ya no queda más remedio; es la base de una gestión moderna y responsable. El tiempo de las decisiones unilaterales sobre nuestro patrimonio natural debería terminar en la misma puerta donde se celebre ese próximo y necesario Consejo Sectorial de Medio Ambiente.
Aunque tememos que será una cortina de humo más.