OPINIÓN
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La metáfora del eclipse puede funcionar muy bien porque permite contraponer dos realidades: por un lado, la magnitud extraordinaria de lo ocurrido en Ceuta; por otro, el intento institucional de ocultar o minimizar sus consecuencias. De hecho, hay un dato especialmente potente: mientras el Colegio de Médicos denuncia una situación insostenible y reclama refuerzos externos, INGESA (dependiente de Mónica García y Javier Padilla) sostiene que no existe colapso y que la actividad asistencial continúa con normalidad. Vayamos con los datos: las informaciones recientes hablan de alrededor de 72.000 personas que entraron en Ceuta entre el 30 y el 31 de julio de 2026, no simplemente de “más de 70.000 marroquíes”.
Hay eclipses que duran unos minutos y otros que duran mucho más. Los primeros son fenómenos astronómicos. Los segundos son fenómenos políticos: ocurren cuando la realidad se hace demasiado incómoda y alguien decide colocar un cuerpo delante de ella para que deje de verse. Eso es, precisamente, lo que está ocurriendo con la sanidad de Ceuta.
Entre el 30 y el 31 de julio, alrededor de 72.000 personas entraron en la ciudad en un episodio extraordinario que puso a prueba a todos los servicios públicos. La dimensión de lo ocurrido no admite eufemismos. Tampoco los admite la respuesta sanitaria que una situación de estas características exige. Y, sin embargo, cuando los profesionales sanitarios alertan de saturación, cuando el Colegio de Médicos de Ceuta advierte de una situación insostenible y reclama refuerzos reales, la respuesta de INGESA es negar el eclipse: no hay colapso, dicen; hay camas disponibles y la actividad asistencial funciona con normalidad. Pero una cosa es negar la oscuridad y otra muy distinta hacer que desaparezca.
El problema no es únicamente cuántas camas quedan libres en un momento determinado. El problema es cuánto puede soportar un sistema sanitario cuando recibe, de manera súbita y extraordinaria, una presión asistencial para la que no estaba dimensionado. El problema son los profesionales que tienen que absorber esa demanda. El problema son las guardias, las consultas, las urgencias, los desplazamientos, los descansos que se interrumpen y la sobrecarga acumulada. Porque los hospitales no funcionan con estadísticas. Funcionan con personas.
Y tampoco se puede llamar “refuerzo” a que los mismos profesionales trabajen más horas, doblen turnos, renuncien al descanso o hagan un esfuerzo extraordinario para tapar una emergencia extraordinaria. El presidente del Colegio de Médicos de Ceuta lo ha expresado con contundencia: los refuerzos no pueden consistir en que los profesionales “doblen o no duerman”. Ese es precisamente el punto en el que el eclipse se vuelve metáfora política. INGESA depende directamente del Ministerio de Sanidad. Ceuta no dispone de una autonomía sanitaria que permita al Gobierno de la ciudad resolver por sí solo una crisis de estas dimensiones. Cuando la presión asistencial aumenta extraordinariamente, la responsabilidad última de garantizar los recursos corresponde al Estado.
Por eso la pregunta es inevitable: ¿dónde estaba el Ministerio de Sanidad cuando los profesionales necesitaban refuerzos? No basta con mirar las cifras de ocupación hospitalaria y concluir que todavía quedan camas. La medicina de catástrofes y las emergencias sanitarias no consisten en esperar a que el sistema llegue al cien por cien de su capacidad para empezar a actuar. Consisten precisamente en anticiparse. La prevención no es alarmismo. La previsión no es exageración. Y reforzar una plantilla antes de que se produzca el colapso no es reconocer un fracaso: es evitarlo.
Lo verdaderamente preocupante es que el Ministerio parezca más preocupado por discutir la palabra “colapso” que por resolver las circunstancias que han llevado a los profesionales a utilizarla. Como si el problema pudiera desaparecer cambiando el nombre. Como si un servicio sanitario dejara de estar sometido a una presión extraordinaria porque una nota oficial decide denominarla “normalidad”. Pero los profesionales saben distinguir perfectamente entre normalidad y supervivencia organizativa. Y los ciudadanos también.
Hay una segunda cuestión todavía más grave. Una crisis sanitaria de estas dimensiones no puede ser abordada exclusivamente desde la perspectiva asistencial. Miles de personas permanecieron en espacios públicos y, según las advertencias de los profesionales, existían necesidades sanitarias básicas que debían ser atendidas. El Colegio de Médicos alertó incluso del riesgo de que las condiciones de hacinamiento y falta de cobertura básica terminaran generando problemas de salud pública.La respuesta sanitaria del Estado debería haber sido inmediata, extraordinaria y proporcional a la magnitud del acontecimiento. No lo ha parecido. Mientras tanto, el discurso institucional intenta proyectar una imagen de normalidad.
Ese es el verdadero eclipse: la realidad queda en la sombra mientras la propaganda ilumina otra escena. No se trata de negar atención sanitaria a nadie. Al contrario. Una sanidad pública digna debe atender a cualquier persona que necesite asistencia. Precisamente por eso necesita recursos suficientes. Porque universalidad sin planificación termina convirtiéndose en una promesa que pagan los profesionales con su tiempo, su descanso y su salud, y los ciudadanos con una asistencia progresivamente más frágil. No hay solidaridad sanitaria sin recursos sanitarios. No hay humanismo asistencial sin profesionales suficientes.
Y no existe una sanidad de calidad cuando la Administración pretende que una plantilla estructuralmente limitada absorba, mediante voluntarismo y sobreesfuerzo, una emergencia extraordinaria. Ceuta no necesita discursos tranquilizadores. Necesita médicos, enfermeras, técnicos, auxiliares y personal sanitario suficiente. Necesita refuerzos extraordinarios. Necesita planificación. Necesita prevención.
Y, sobre todo, necesita que el Ministerio de Sanidad mire directamente a la realidad, en lugar de intentar taparla con una nota de prensa. Porque un eclipse puede oscurecer el sol durante un tiempo. Pero no consigue apagarlo. Y los profesionales de Ceuta siguen ahí, trabajando en la oscuridad que otros prefieren no mirar. La pregunta ya no es si existe un eclipse. La pregunta es quién ha decidido cerrar los ojos mientras ocurre.
La CESM integrada en el Foro de la Profesión Médica, - por cierto enhorabuena al Dr. Tomas Cobo presidente de la OMC por su reciente visita a Ceuta-, reitera su apoyo absoluto al Sindicato Medico de Ceuta y a todos los profesionales que una vez más han estado ahí. como siempre comprometidos con los pacientes. Nuestra memoria y nuestro agradecimiento.
Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.
Miguel Lázaro, presidente de la Confederación Estatal del Sindicato de Médicos
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