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Economía azul: ¿eslogan u oportunidad para Ceuta?
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La expresión “economía azul” se ha incorporado con facilidad al lenguaje institucional. Aparece en estrategias, programas, jornadas y convocatorias. Pero para una ciudad como Ceuta la cuestión verdaderamente importante no es utilizar el término, sino decidir si queremos convertirlo en una especialización real.
Ceuta cuenta con el enorme prestigio de formar parte de la Universidad de Granada. Su campus desarrolla una importante labor académica en ámbitos como la educación, la empresa, la salud o la informática. Pero pertenecer a una gran universidad no debería impedirnos preguntarnos qué conocimiento puede producirse desde Ceuta porque Ceuta sea el lugar idóneo para producirlo.
Y probablemente la respuesta esté delante de nosotros: el mar.
Una ciudad de apenas veinte kilómetros cuadrados difícilmente puede competir creando grandes infraestructuras universitarias destinadas a recibir decenas de miles de alumnos. Afortunadamente, la universidad del siglo XXI ya no necesita funcionar exclusivamente mediante grandes estructuras territoriales cerradas. El conocimiento se produce cada vez más mediante redes de universidades, investigadores, empresas y centros tecnológicos situados en diferentes lugares y conectados alrededor de proyectos comunes.
Y es ahí donde aparece una oportunidad extraordinaria.
A pocos kilómetros de Ceuta existen capacidades universitarias que podrían resultar complementarias. La Universidad de Gibraltar desarrolla formación e investigación vinculada al medio marino y al cambio climático. Al otro lado del Estrecho, la Universidad de Cádiz cuenta con una Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales y con una importante estructura de investigación marina.
¿Por qué no conectar esas capacidades con Ceuta bajo el extraordinario paraguas académico que representa la Universidad de Granada?
No se trataría de reproducir en Ceuta una Facultad de Ciencias del Mar que ya existe en Cádiz, ni de competir con universidades que llevan décadas desarrollando estas disciplinas. Sería mucho más inteligente convertir Ceuta en el lugar donde parte de ese conocimiento se experimenta.
El Estrecho puede ser nuestra gran aula y nuestro gran laboratorio.
Oceanografía, inteligencia marina, sistemas autónomos, sensorización submarina, comunicaciones bajo el agua, contaminación, corrientes, biodiversidad, pesca, cambio climático o inteligencia artificial aplicada al medio marino son áreas en las que podrían encontrarse investigadores de distintas universidades trabajando sobre un territorio excepcional.
Ceuta no necesitaría miles de estudiantes permanentes para conseguirlo. Necesitaría proyectos, investigadores visitantes, programas conjuntos, microcredenciales, trabajos de campo, instalaciones experimentales y empresas tecnológicas colaborando con la Universidad. Con el tiempo, algunas de esas actividades podrían convertirse en programas propios de posgrado, centros de investigación o estructuras europeas permanentes.
Este debería ser el verdadero significado de apostar por la economía azul. No llenar documentos con referencias al mar porque estamos rodeados de él, sino conseguir que una parte del conocimiento europeo sobre el mar tenga que pasar por Ceuta.
La Universidad de Granada nos aporta prestigio, estructura y pertenencia a una gran institución académica. Cádiz y Gibraltar podrían aportar las primeras conexiones naturales. Ceuta debe aportar aquello que ninguna de ellas puede trasladar a otro lugar: Ceuta y sus aguas.
Quizá no podamos construir una de las mayores universidades del Mediterráneo.
Pero sí podemos aspirar a construir uno de sus mejores laboratorios.
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