La frontera: todo sigue igual

Opinión

"No tomar en cuenta la relevancia que las dos ciudades españolas tuvieron en el desarrollo no sólo en las zonas vecinas, sino también en el conjunto del país, es de clara y manifiesta ingratitud, seguramente fruto de la voraz expansionista política a la que se ha dedicado Marruecos"

Frontera del Tarajal
Frontera del Tarajal | El Pueblo
Antonio Gil
28 ene 2026 - 11:14

Marruecos una y otra vez se empeña en morder la mano que le dio de comer. Ya han pasado unas semanas de las declaraciones del Sr. Lahcen Haddad, senador y copresidente de la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Marruecos, como así es presentado por el insigne periodista Ignacio Cembrero en el periódico “El Confidencial”. Y todo sigue igual. Las dogmáticas declaraciones del Sr. Lahcen ya no nos sorprenden. Más de lo mismo, sigue la línea marcada.

De nuevo toda una clara demostración de deslealtad institucional e ingratitud hacia España, la misma que un día los administró y los protegió como pueblo durante años y que de nuevo vuelve a ser objeto de menosprecio por parte marroquí.

El cinismo del que hace gala en sus manifestaciones el Sr. Lahcen ignorando adrede una etapa de la historia que sirvió para que Marruecos sea lo que es hoy, mal que le pese, demuestra un bajo perfil no sólo político, sino que además deja patente un profundo desconocimiento de su propia historia.

No tomar en cuenta la relevancia que las dos ciudades españolas tuvieron en el desarrollo no sólo en las zonas vecinas, sino también en el conjunto del país, es de clara y manifiesta ingratitud, seguramente fruto de la voraz expansionista política a la que se ha dedicado Marruecos.

Llamar aduana comercial a lo existente entre Ceuta y Marruecos es una mofa, no es más que el deseo de tomar el pelo al otro. El cinismo empleado para explicar lo inexplicable, como recurso, es grotesco y la pantomima repulsiva.

En fin, esta extravagante comedia a la que nos tienen acostumbrados las autoridades de Marruecos es cada día peor recibida por los ciudadanos de ambos lados y la desafección de estos cada día más patente. Las excusas ya no sirven, el mal llamado “celo profesional” o la adaptación en la gestión no es más que una patraña llamada a entorpecer y perjudicar los intereses de los ciudadanos de ambos países.

Y cansa. Cansa saber que no habrá una solución que proporcione la normalidad que debería haber por falta de voluntad política. Y siguen. Siguen sin sentir el más mínimo respeto a las personas que transitan por este paso fronterizo, por culpa de un mal sistema, de una mala estrategia y de la mala fe. Se trata de la sinrazón personificada, aunque esté socavando la poca credibilidad que le queda a Marruecos.

El último artículo que dediqué a la situación en la frontera sigue estando de actualidad pues nada ha cambiado. Entonces apunté a la nula voluntad que el rey, Mohamed VI, tiene en normalizar las plenas relaciones con España, salvo a lo que atañe a sus propios intereses. Quise descargar la responsabilidad sobre la incapacidad, tozudez y falta de sensibilidad y de altura de miras de algunos políticos y funcionarios que asumieron la responsabilidad de poner en marcha con normalidad la aduana comercial, cuando todo el mundo sabe que todo depende de quien depende.

Destaqué la importancia de que se hubiera acabado con el vergonzoso ‘comercio atípico’ por aberrante e inhumano, aunque consentido por ambos países. Llamaba la atención sobre lo importante que es luchar por lograr un mejor lugar en el ranking de esas sociedades civilizadas; muestra de garantía de derechos civiles al que todos debemos aspirar y que seguimos reclamando como forma de vida entre ciudadanos de Ceuta, Melilla y Marruecos a través de esos pasos fronterizos que nos unen.

Pues nada, demoras injustificadas y exhaustivos y ridículos controles hacen desistir, incluso, a los más pacientes, aunque se mueran de ganas por visitar a familiares y amigos o, simplemente, deseen pasar un día de compras.

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