El valor de ganarse el prestigio

OPINIÓN

Imagen de archivo de la sala de vistas del Juzgado de lo Penal de Ceuta. / FOTO EL PUEBLO
Imagen de archivo de la sala de vistas del Juzgado de lo Penal de Ceuta. / FOTO EL PUEBLO

A lo largo de la vida profesional uno tiene la suerte no siempre frecuente de encontrarse con personas que dejan huella, no solo por lo que saben, sino por cómo trabajan y por la manera en que entienden su oficio. Para mí, una de esas personas es Carlos García Selva, con quien tengo el privilegio de trabajar codo con codo durante más de trece años.

En una profesión tan exigente como la abogacía, el prestigio no se regala, se construye día a día, caso a caso, cliente a cliente y si algo define a Carlos es precisamente eso, que tiene una capacidad de trabajo incansable y una profesionalidad que no admite atajos. Todo lo que ha conseguido se lo ha ganado a pulso, a base de esfuerzo, preparación y una dedicación constante durante toda una vida. Pero si su valía profesional es grande, hay algo que quienes lo conocemos apreciamos todavía más, su calidad humana. Carlos es, ante todo, una buena persona, de esas que ayudan sin hacer ruido, sin buscar reconocimiento y muchas veces, sin aceptar nada a cambio. A lo largo de los años he visto innumerables gestos de generosidad hacia clientes, compañeros y amigos, siempre desde la discreción y la convicción de que ayudar es simplemente lo correcto.

A sus 65 años, con la vida más que resuelta y sin necesidad de demostrar nada a nadie, sigue trabajando y colaborando con la misma responsabilidad y el mismo compromiso que el primer día. No por obligación, sino por vocación y por un profundo sentido del deber hacia los demás.

En un tiempo en el que a menudo se confunde el éxito con la apariencia, la trayectoria de Carlos es un recordatorio de que el prestigio verdadero nace del trabajo bien hecho, pero también de la honradez, la cercanía y el respeto hacia las personas.

Es por ello que Ceuta puede sentirse orgullosa de contar con profesionales así, que dignifican su oficio no solo por su conocimiento, sino por su forma de ser. Y quienes hemos tenido la suerte de compartir tantos años a su lado sabemos que su mayor valor no está únicamente en lo que ha logrado, sino en cómo lo ha logrado y en la persona que es.

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