Hablemos de leyes
COLABORACIÓN
El 30 de julio algo se rompió en los corazones de todos los «caballas» (me encanta este apodo, ese pez azul por el que ya reconocían a nuestras flotas en el siglo XIX). Si queremos aludir a la normalidad, el flujo constante de migrantes podríamos situarlo en la década de los 90. Llevamos 36 años normalizando que nuestras fronteras fueran una puerta de acceso a todos aquellos que huían de guerras y conflictos armados, la mayoría venían de Somalia, Ruanda, Zaire o el Congo. Estas personas podrían llevar meses atravesando África, cruzando Marruecos, en manos de mafias sin escrúpulos que ponían precio a su tragedia, muchos perdieron la vida en el camino. Llegaban exhaustos a nuestras costas, y allí encontraron auxilio en Cruz Roja, ONG, instituciones religiosas, porque en estas tierras siempre fuimos y seremos humanitarios. Y a los «caballas», como a todos los hombres y mujeres de bien, se nos partía el alma, no nos eran indiferentes esas vidas que se quedaban flotando en el mar. Ni nos sigue siendo indiferente el dolor ajeno casi dos décadas después, por mucho que personajes televisivos de tertulias paganas y pagadas, ministras y ministros que nos mienten y nos engañan sin pestañear, e influencers de pacotilla (por definición se alejan de todo aquello que pretenden en sus redes: ni crean opinión, ni despiertan interés, ni tienen ningún tipo de credibilidad, las babys gazas, las Alejandras, etc.) quieran tacharnos de racistas o xenófobos, como decía mi abuela, colocarnos ese «sambenito». A nosotros, que venimos conviviendo con musulmanes desde siglos, que aquí, en mi Ceuta, el musulmán es nuestro hermano, es nuestro amigo, es familia, es caballa. A pesar de este flujo continuo y permanente de asaltos a nuestras fronteras, (todos tenemos aún muy cercano el 18 de mayo del 2021, con esos 12000 migrantes por nuestras calles), le antecedieron el del 1 de enero del 2017, especialmente significativo por la violencia con la que intentaron cruzar, abriéndose paso con barras de hierro, cizallas y piedras, o el 17 de febrero del 2018; esta vez utilizaron cal viva, palos y cócteles molotov, causando heridas a varios guardias civiles, que solo pudieron responder como se lo permitía la Ley Orgánica 2/1986, que exigía que la fuerza utilizada, fuese la necesaria, congruente, oportuna y proporcional; es decir, que si te lanzaban cal viva, ellos darían órdenes verbales para que desistieran, avisarían al mando de turno, pedirían refuerzos, formarían una línea de contención, en casos casi excepcionales (pues siempre estaban los que grababan su actuación para luego buscarles las cosquillas), podían utilizar su material antidisturbios. Ni hablemos de sacar su arma reglamentaria. Esa ley sigue vigente actualmente con algunas modificaciones, pero con casi los mismos principios básicos de actuación. La cuestión, además, es que los guardias civiles llevan mucho tiempo reclamando más efectivos, falta o deterioro de medios y materiales, y la sensación de tener que soportar prácticamente solos la enorme presión de nuestras fronteras. Poco o nada hicieron los gobiernos. Desoír. Ignorar. Y ante tanta desidia y pasividad por parte del Gobierno central, llegó el 30 de julio del 2026, fecha que se quedará para siempre en la memoria de todas las caballas. Las leyes, como la Ley Orgánica 4/2000 de Extranjería y la reciente modificación del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en caliente, han proporcionado a este gobierno de incompetentes la excusa perfecta. Esta excusa justifica su abandono y las oscuras razones que tienen para rendir una vergonzosa pleitesía al rey de Marruecos. «Ese socio fiable», el que mira para otro lado cuando nos manda 80000 marroquíes en su inmensa mayoría, y luego frena la entrada de unos 200 subsaharianos en una puesta en escena digna del mejor guionista de cine. De acuerdo, nos toca tragarnos que la devolución va a ser «expediente a expediente», según palabras textuales de Pedro Sánchez. Habrá que investigar si tienen derecho a asilo, velar por los menores, comprobar si existen circunstancias de vulnerabilidad y cuántos más requisitos nos dictaminen las leyes (a pesar de que Marruecos reclame a sus súbditos y la UE avale las devoluciones). Aunque este proceso pueda durar meses, o un año. La ley, ante todo. Pues por ese mismo principio de legalidad que tanto parece gustarle a este gobierno, yo me acogería al artículo 104 de la Constitución: el Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad ciudadana, porque, señores, los ceutíes, las caballas, un pueblo entero sentimos el abandono institucional. El miedo y la inseguridad reina entre nosotros, con un considerable aumento de actos de violencia, violaciones, atracos, allanamiento de moradas, peleas, riesgo de transmisión de enfermedades que pudieran llegar a ser hasta epidemiológicas. Si se demostrase judicialmente que el Gobierno central tenía el conocimiento de la llegada de miles de personas a Ceuta y de manera deliberada no activó ningún protocolo de contención, no alertó a las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, ni reforzó la frontera, para mí estaríamos ante un escenario de responsabilidad legal y constitucional muy grave. Que se desclasifiquen los informes secretos del CNI para conocer qué sabía el ejecutivo antes del 30 de julio. Porque nada me gustaría más que hacerle frente a este gobierno donde más le duele: con las leyes. Esto podría incluir el delito de prevaricación omisiva y la dejación de funciones (artículo 408 del Código Penal). También se consideraría el incumplimiento del Mandato Constitucional (artículo 104) y la responsabilidad patrimonial de la Administración, que implica indemnizar a todos los comercios de Ceuta, que ya enfrentan pérdidas de 27 millones de euros.
Porque a nosotros, las caballas, nos han robado mucho más que una feria, que un verano, que unas playas, que unos montes, que unas calles… nos han robado el futuro, la sensación tan descorazonadora de que nuestra tierra, aquella en la que hemos nacido, criado a nuestros hijos y enterrado a nuestros familiares, es moneda de cambio. Sin futuro y con un presente que nos tiene con el alma en vilo. Ceuta no se vende, Ceuta no se rinde, buscaremos la victoria en cada intento. Que las leyes nos amparen.