OPINIÓN
La hora de la verdad
OPINIÓN
¡Qué difícil es escribir a esa hora!, porque la verdad está demasiado manoseada, resultando casi indistinguible ante tapas capas de suciedad, humana, por supuesto, que la esconden.
Empecemos a decapar:
¿Cuarenta, sesenta, ochenta mil o cuántos fueron de verdad las personas que entraron ilegalmente en España? ¿Cuántos quedan aún en Ceuta? Pero sigamos dejando volar a la honesta curiosidad desanclada de la política… ¿Vinieron engañados? ¿Son jóvenes en busca de un sueño o soldados que cuando se les dice que vayan van y vuelven cuando la misma “autoridad” que les empujó a tirarse al mar, les ordena que vuelvan? ¿Volverá a pasar o esto sólo ocurre con Sánchez, Marlasca o el innombrable Albares? ¿Podemos echarle huevos a Marruecos, un país al que menos Aznar, se han sometido todos los presidentes del gobierno de España?
Seguimos, aunque ya no sea en tono de pregunta… Porque llama poderosamente la atención el interés que Sánchez y Marlasca han puesto en quitarle importancia, al mayor ataque que España ha sufrido en su soberanía desde que Murat invadió Madrid en el año 1808. La única diferencia ha sido la táctica de resistencia de la población española, porque en efecto, los marroquíes no portaban armas ya que, el arma, eran ellos mismos, blandida por una mano mezquina que no estaba lejos de El Tarajal.
En Madrid, los españoles se armaron como pudieron, mientras que en Ceuta, la Ceuta pacífica pero resistente, sus habitantes dejaron la ciudad desierta, como el Moscú de Alejandro cuando llegó Napoleón que ni encontró ni comida ni lugar de abrigo, pero tampoco violencia. Miedo, sí, hubo mucho miedo al invasor, porque entró forzando la puerta, pasando por encima de nuestros límites sin preguntar si podían y porque frente a este acto ilegal y de masiva hostilidad, España no tenía fuerza suficiente para defender su frontera. ¿Por qué?
Volvemos a las preguntas…
¿De verdad que ni España, ni el CNI, ni Marruecos, ni el Majzén, el estado profundo en Marruecos, ni Pegasus se enteraron de nada hasta que pasó? ¿Cómo es que Vivas sí lo sabía y se apresuró en informar a la Moncloa? Ya hemos visto al delegado del Gobierno comerse la mierda de su presidente y su ministro de interior, que le han forzado a decir que lo de Vivas no pasó y que, por tanto, debe ser un malentendido, pero esas cosas ocurren por querer ser Delegado del Gobierno de España en Ceuta con un Gobierno de España que parecía ser el portavoz de Marruecos en lugar de defender los intereses de los españoles.
En Marruecos no hay libertad de prensa tal y como la entendemos aquí, hasta el punto de que el gobierno alauita se queja muchas veces ante el ministerio de exteriores de España de que se permitan críticas a la monarquía marroquí. En Marruecos hay una democracia aparente, pero alentar que miles de jóvenes se echen al mar para dar satisfacción a la consecución de un proyecto político o dejar que grandes capas de la población vivan en la miseria frente a la opulencia de sus dirigentes, está muy lejos de lo que es realmente una democracia.
Y la presión sobre Ceuta y Melilla no decae, por mucho que Sánchez diga que Marruecos es un soco fiable. ¿Qué socio fiable intentaría por cualquier medio expulsarte de tu casa? Tiene razón Vivas, cuando reclama respeto a Marruecos y la tiene porque es un país mimado por la Unión Europea.
Y esta es la hora de la verdad, en la que todos los poderes públicos de Europa, deben mandar un mensaje inequívoco a Marruecos: Que se olvide para siempre de Ceuta y de Melilla, porque su cuento es un cuento falso, que profana la historia ibérica de Ceuta, el derecho internacional y el sentido común. Pero hay que decírselo como se lo dijo Aznar a Filali en la crisis de Perejil: “Olvidaros de que cualquier ensoñación de haceros con una parte indisoluble de España, porque vais a perder”.
Emilio Carreira
También te puede interesar
Lo último