COLABORACIÓN
Inmigración ilegal
COLABORACIÓN
Nada varía. Todo sigue igual cuando hablamos de inmigración ilegal. Todos los días se viene reproduciendo el mismo hecho, la misma circunstancia: la violación de nuestro perímetro fronterizo por mar o por tierra y sí, a veces, a costa de sus propias vidas y lo peor es que hasta que no se tome la decisión de devolverlos no se acabará con este fenómeno. Cambiando la ley, naturalmente.
Este polémico asunto divide a la sociedad y nos lleva a un cruce de acusaciones y descalificaciones para que, finalmente, no sé cómo, imperen las peligrosas teorías del “buenísmo” con conclusiones bastante insensatas, todas lejos de la realidad y del sentido común.
Fuera del orden, de la planificación y de la voluntad sólo hay caos. La solidaridad que deben practicar los gobiernos -que comparto al cien por cien- nunca puede ser forzada. Los recursos de los que dispusieran deberían ser aprobados en sede parlamentaria.
La ingenuidad y la compasión sólo pueden suponer una grave temeridad que no soluciona esta terrible anomalía social a la que hay que dar una respuesta ordenada y definitiva lo antes posible. Por otro lado, no querer verlo sería un crimen imperdonable que lo agravaría todo aún más.
No querer ver el origen de este grave conflicto o verlo desde una perspectiva demagógica, por muy apoyada que esté en los textos legales vigentes, sólo retrasará lo inevitable. El “buenísmo” mata, avala la corrupción de los países de donde proceden estas personas, avala sus dictaduras, avalando también, las mafias y cuantos negocios y chiringuitos se acoplan a esta circunstancia.
Además, en nuestro caso, existe una poderosa razón para ser odiosamente pragmático que no se puede perder de vista. España no se puede permitir acoger inmigrantes ilegales porque, aunque nos pese, nuestra realidad económica es la que es, somos un país con una deuda pública de más de un billón y medio de euros, un paro cercano a los 3.000.000, sin olvidar el último informe de Cáritas donde se dice que 6.000.000 de familias no cuentan con unos ingresos que garanticen unas condiciones de vida dignas, o que un gran número de pensiones no dan ni para comer, etc.
No menos importante es el deterioro creciente en los servicios públicos por falta de empleados o medios materiales en las administraciones. Con una clase media, “columna vertebral de cualquier país”, fulminada por las sucesivas crisis.
Tenemos la fotografía de un gran país que tiene voluntad, pero con limitados recursos. Es por eso que, cuando muchos dicen que este problema, este conflicto social que afecta a todos se arregla echando más leña al fuego, yo… simplemente me estremezco.
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